Me alegro de perder de vista a Malthus, no era un personaje agradable. Por otra parte me alegra la reconciliación de Fabrizio con su mujer. Espero que eso haga que ella me mire con menos malos ojos. Intentaré ser lo más amable y servicial posible con ella, a ver si eso ayuda.
En cuanto al crío enfermo, se me ha ocurrido una idea que, a la luz de todo lo descrito, me parece casi obvia. Enyra ya ha dicho que el demonio de la torre de Gustaffon estaba interesadísimo en nuestras semillas lodosas. Y tenemos un niño con una enfermedad de origen desconocido, pero claramente relacionada con dicho demonio. ¿No sería una buena idea probar nuestro aceite de semillas lodosas con el niño? Como mínimo, su efecto opiáceo le calmará los dolores. Pero no me sorprendería mucho que, con un poco de suerte, el aceite reduzca los efectos de la enfermedad, o incluso los cure. Como no entiendo mucho de estas cosas, se lo comento a Leezar (como máximo responsable del crío), a Abelio (como administrador de las semillas lodosas), a Drake (como custodio del niño)... y a Enyra (que contó lo del demonio y las semillas lodosas)... joer, se lo digo a todo el consejo, y acabamos antes. También es posible que el aceite lodoso (diluido) tenga algún efecto sobre el musgo rojo, si hace falta erradicarlo.
En cuanto a la carta de Donna Bianca, no me sorprende que se haya quedado prendada de Draconio. Es justo el modelo de hombre que anhelaba, y es perfecto para ella. Además, ella es perfecta para él, por su inteligencia, por su... fogosidad, y por algo que ella, muy convenientemente, ha olvidado citar en su misiva a Lord Fabrizio, así que, en presencia del consejo, le digo a mi padre adoptivo:
—Mi señor, la carta de Donna Bianca era de esperar, aunque me habría sorprendido menos si el tono no fuese tan... directo. Estamos ante una mujer de poder y de acción, de eso no hay duda, como puede confirmar Drake —carraspeo y miro hacia otro lado, que no quiero pasarme de listo con Drake—. Este matrimonio, si Drake lo ve con buenos ojos, sería un poderosa alianza, a medio y largo plazo; pero además nos ayudaría mucho en el corto plazo por un tema que, si bien ella lo ha dejado de lado, vos, como Señor de Piedrahundida, no podéis ignorar; y más aún, le habéis de reclamar: la dote. Bien sabe Ylathia que es tradición, desde tiempos inmemoriales, que la familia de la novia (o ella misma, en este caso), aporte una dote digna de ella a la familia del novio. A vos, mi señor, os corresponde exigir esa dote y negociarla (por frío que suene; la parte romántica deberán negociarla los novios por su cuenta), o enviar un emisario de confianza que la negocie en vuestro nombre —para lo que, tácitamente, me ofrezco agachando la cabeza—.
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- 20 Jul 2019, 09:46
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- Topic: [1x02] Capítulo segundo «Torre de Gustaffon»
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- 18 Jul 2019, 11:23
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Re: [1x02] Capítulo segundo
Vale, pero en el momento que dice esto, le sonsaco una mínima descripción de la tal Stasi. Como mínimo quiero saber si es pelirroja. Y si lo es, ese mismo día se lo cuento todo a Enyra para que coja a la superviviente pelirroja del dirigible, que aún anda suelta por aquí, y la encierre en lugar seguro (te recuerdo que me encargué de que siempre estuviese vigilada, así que no se puede haber perdido o ido sin más). Luego informo al consejo. Y si la Stasi esa no es pelirroja... pues entonces nada, claroStarkvind wrote: 17 Jul 2019, 21:53 Conversación con Malthus Haagenti en el Burdel
[...] ha venido a Piedrahundida en busca de otra persona, una mujer llamada Stasi Giovanni, acusada de cientos de asesinatos en las tierras de El Dominio, y sus contactos le confirmaron que se encontraba en el Estrella Brumosa. Así que quiere encontrarla de una buena vez para llevarla a Beslitz y cobrar la copiosa recompensa que ofrecen por la cabeza de esa villana.
En todo caso relato toda la historia de Malthus a todos los miembros del consejo, por supuesto. No entro en los detalles de los gustos de Malthus, no quiero revolver las tripas a nadie.
- 17 Jul 2019, 08:30
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Re: [1x02] Capítulo segundo
Comencemos por lo más doloroso: la tirada de solvencia.

Möro, adoptado, muerto de hambre... A veces pienso que en esta familia voy a ritmo de dos pasos adelante, tres hacia atrás.
Mi Trama A: Malthus
Después del accidente, y pasados los primeros días en Piedrahundida, el arrogante arcanista empezó a sentir la comezón de la abstinencia. Después comprendí que satisfacer sus deseos más íntimos no le hubiera sido fácil por su cuenta, así que finalmente no lo quedó más remedio que acudir a nuestra Casa del Amor.
Allí me lo encontré, enfrentado a nuestro personal, que no sabía muy bien qué hacer con su petición: un pote de miel, otro de sebo, otro de gusanos, 20 cirios negros, un macho cabrío, unos pañales de su tamaño, un jovencito vestido de monaguillo y varios instrumentos de cuero de los que se usan en el burdel. Mantener mi cara de póker me costó concentrarme en todos mis años de tratar con todo tipo de gente, pero creo que ni siquiera se elevó la comisura de mis labios. Cuando le comenté que no permitíamos que nuestros niños fueran usados de esa manera, Malthus me lanzó su sonrisa (es increíble cómo una sonrisa puede expresar tan certeramente la idea de «¡menudos pueblerinos!») y me aseguró que el niño sólo ejecutaría funciones de asistente, pero que sus partes pudendas no serían tocadas ni expuestas. No pude evitar alzar una ceja por la sorpresa y la intriga, pero cedí. Di las órdenes necesarias para que se le sirviese todo lo pedido, y le acompañé a una de las mejores estancias de la Casa del Amor.
Sí, una de las mejores estancias... y de las mejor vigiladas. No pude resistir la tentación de espiar qué hacia el arrogante arcanista con aquella estrafalaria colección de requisitos... ¡Ylathia! He visto desde las cosas más hermosas a las más repugnantes y extrañas en mi vida, pero aquello... Aquello era diferente. Aquello no se movía en la misma escala entre lo común y lo raro, entre lo hermoso y repugnante. Aquello tenía que tener su propia escala, y... ¡Oh, Ylathia! Nunca podré borrar esas imágenes de mis ojos. ¡Si Abelio lo hubiera visto, habría insistido en la hoguera para purificar aquello! ¡Pero la hoguera para todo el burdel, porque habría que purificar en 100 varas a la redonda! Creo que jamás, JAMÁS, volveré a probar la miel. ¡Y aquellos gusanos...!

En fin, como no hay mal que por bien no venga, a la mañana siguiente hice algún sutil comentario a Malthus sobre sus... llamémoslo «gustos», que dejaba entrever que sabía lo que había pasado. Malthus mantuvo el porte de manera admirable, a pesar de sentirse notablemente incómodo. Pero dirigí la conversación de manera que pareciese empática y comprensiva. La lengua de Malthus fue soltándose poco a poco, e hice traer licor nidamoreo para ayudar en el proceso...
Usaré mi habilidad de «sonsacar». Tirada de HABILIDAD:

Y por usar la habilidad «sonsacar», tiro de nuevo un dado:

Este 7 sustituye al 5 de la primera tirada, así que el resultado es 16. +1 de mi característica de «Habilidad», total 17.
Malthus canta como un pajarito, y Alim escucha...

Möro, adoptado, muerto de hambre... A veces pienso que en esta familia voy a ritmo de dos pasos adelante, tres hacia atrás.
Mi Trama A: Malthus
Después del accidente, y pasados los primeros días en Piedrahundida, el arrogante arcanista empezó a sentir la comezón de la abstinencia. Después comprendí que satisfacer sus deseos más íntimos no le hubiera sido fácil por su cuenta, así que finalmente no lo quedó más remedio que acudir a nuestra Casa del Amor.
Allí me lo encontré, enfrentado a nuestro personal, que no sabía muy bien qué hacer con su petición: un pote de miel, otro de sebo, otro de gusanos, 20 cirios negros, un macho cabrío, unos pañales de su tamaño, un jovencito vestido de monaguillo y varios instrumentos de cuero de los que se usan en el burdel. Mantener mi cara de póker me costó concentrarme en todos mis años de tratar con todo tipo de gente, pero creo que ni siquiera se elevó la comisura de mis labios. Cuando le comenté que no permitíamos que nuestros niños fueran usados de esa manera, Malthus me lanzó su sonrisa (es increíble cómo una sonrisa puede expresar tan certeramente la idea de «¡menudos pueblerinos!») y me aseguró que el niño sólo ejecutaría funciones de asistente, pero que sus partes pudendas no serían tocadas ni expuestas. No pude evitar alzar una ceja por la sorpresa y la intriga, pero cedí. Di las órdenes necesarias para que se le sirviese todo lo pedido, y le acompañé a una de las mejores estancias de la Casa del Amor.
Sí, una de las mejores estancias... y de las mejor vigiladas. No pude resistir la tentación de espiar qué hacia el arrogante arcanista con aquella estrafalaria colección de requisitos... ¡Ylathia! He visto desde las cosas más hermosas a las más repugnantes y extrañas en mi vida, pero aquello... Aquello era diferente. Aquello no se movía en la misma escala entre lo común y lo raro, entre lo hermoso y repugnante. Aquello tenía que tener su propia escala, y... ¡Oh, Ylathia! Nunca podré borrar esas imágenes de mis ojos. ¡Si Abelio lo hubiera visto, habría insistido en la hoguera para purificar aquello! ¡Pero la hoguera para todo el burdel, porque habría que purificar en 100 varas a la redonda! Creo que jamás, JAMÁS, volveré a probar la miel. ¡Y aquellos gusanos...!
En fin, como no hay mal que por bien no venga, a la mañana siguiente hice algún sutil comentario a Malthus sobre sus... llamémoslo «gustos», que dejaba entrever que sabía lo que había pasado. Malthus mantuvo el porte de manera admirable, a pesar de sentirse notablemente incómodo. Pero dirigí la conversación de manera que pareciese empática y comprensiva. La lengua de Malthus fue soltándose poco a poco, e hice traer licor nidamoreo para ayudar en el proceso...
Usaré mi habilidad de «sonsacar». Tirada de HABILIDAD:
Y por usar la habilidad «sonsacar», tiro de nuevo un dado:
Este 7 sustituye al 5 de la primera tirada, así que el resultado es 16. +1 de mi característica de «Habilidad», total 17.
Malthus canta como un pajarito, y Alim escucha...
C O N T I N U A R Á
¡Eh, eh, que se me olvidaba! +1 a la tirada de habilidad por nuestra fe ylathiana, ¡total 18! No sólo canta como un pajarito, sino que va a pagar él todo el licor nidamóreo que se ha bebido - 16 Jul 2019, 12:14
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Re: [1x02] Capítulo segundo
¡¡¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!!!Drake wrote: 16 Jul 2019, 11:14
-¿Que tal fue la guerra? ¿Le ha pasado algo, le noto diferente? Brindemos por seguir con vida ¿Nos queda acaso otra cosa?
Brinde con ella, varias veces [...] Creo que bebí demasiado. Desperté al día siguiente en un lugar que no era mi habitación, me dolía demasiado la cabeza.

- 16 Jul 2019, 10:02
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Re: [1x02] Capítulo segundo
Desastre del Estrella Brumosa
Como comenté, interrogo a la pelirroja, y a todos los supervivientes que pille. La pelirroja queda en nuestro castillo, pero es libre de ir a donde quiera y hablar con quien le plazca. Aunque me aseguro muy mucho de que siempre haya un par de ojos viéndola y, hasta donde sea posible, una oreja oyéndola.
Después hablo con Malthus, e intento sonsacarle (habilidad) cómo es que llegaron tan rápido, y qué sabe de Nêcraxia. Indico a todos los que ayudan en el sitio del accidente que es primordial encontrar la caja fuerte del capitán, con el manifiesto de abordo y toda la demás información que nos pueda ayudar en la investigación.
Los Leone
Y una fresca mañana, temprano, parto con Drake hacia Nidamore, la residencia de los Leone.
Drake se muestra taciturno, y responde a toda mi cháchara con monosílabos. Y eso, cuando responde. Le cuento lo que sé de su casa, quién es quién, le hablo de la bella Donna Bianca (y le explico lo gracioso que me resultó enterarme de que «donna» significa «señora», y que no es parte del nombre, pero en realidad se lo cuento porque no estoy seguro de que él lo sepa, y mejor no meter la pata). Él contesta «Grmpf».
También le explico el fuerte carácter que tiene Donna Bianca, y que su padre y su esposo (del que enviudó hace 4 años) eran un par de barrigones sentados siempre a la mesa, contando monedas y comiendo y bebiendo... Él contesta «¿Grmpf?».
Finalmente llegamos a Nidamore, que es más parecido a lo que entenderíamos por un cortijo que a un fuerte preparado para la guerra. Las tierras de los Leone han sido tradicionalmente muy tranquilas, y no hay mucho de qué defenderse. Pero son gente relativamente fina, así que nos dan la oportunidad de darnos un buen baño nada más llegar. Drake no tiene ni las menores ganas. Dice que ya se bañó en sorguerno. Pero le insisto mucho, y acaba accediendo. Conspiro con los criados para que cambien sus aguerridas (y no muy limpias) ropas por otras que saco de mis alforjas, también aguerridas, pero limpias, con todas las tachas brillantes. Incluso tienen tiempo de abrillantar sus botas y pulir los mangos de las armas que lleve. Por supuesto, también yo iré a la recepción bien limpio y presentable.
Drake no se siente cómodo; se da cuenta de que no tiene la situación muy controlada, y aquí hay algo que huele a chamusquina.
Finalmente somos recibidos por Donna Bianca. Nos presentamos ante ella...
—Muy apreciada Donna Bianca, soy Alim de Mostagánem, de la casa Orovecchio —digo mientras hago una reverencia—. Y no necesito presentaros a Drake Orovecchio, hermano de Lord Fabrizio, como sabéis. Es un honor para...
—Sí, muy interesante, Alim —me interrumpe, impaciente, la dama—. Ahora me gustaría hablar a solas con Drake, si no tiene inconveniente. —Se levanta y se dirige hacia una puerta desde la que hace una seña a Drake para que la siga.
Desde que entramos en su gran sala, no le ha quitado los ojos de encima. Yo ya sabía que Donna Bianca estaba harta de hombres aburridos y sin personalidad, y que anhelaba un guerrero de brazo fuerte y carácter de acero. Le doy un codazo a Drake y le digo, en voz muy baja: «Hale, campeón, ahí tienes la gran oportunidad de aliar nuestra casa a la de Leone. Sé de buena tinta —no me preguntes cómo— que es una mujer muy fogosa en el tálamo, y te garantizo que no te vas a aburrir con ella. Tráetela a Piedrahundida, y habrás hecho más por nuestra familia que mil guerreros armados hasta los dientes.»
Drake alza una ceja, medita dos segundos, y... [vigilo cuidadosamente su reacción, porque preveo dos cosas: o sigue a Donna Bianca, a ver qué pasa, o me intenta meter una buena patada en el culo, en cuyo caso intentaré esquivarla.]
Como comenté, interrogo a la pelirroja, y a todos los supervivientes que pille. La pelirroja queda en nuestro castillo, pero es libre de ir a donde quiera y hablar con quien le plazca. Aunque me aseguro muy mucho de que siempre haya un par de ojos viéndola y, hasta donde sea posible, una oreja oyéndola.
Después hablo con Malthus, e intento sonsacarle (habilidad) cómo es que llegaron tan rápido, y qué sabe de Nêcraxia. Indico a todos los que ayudan en el sitio del accidente que es primordial encontrar la caja fuerte del capitán, con el manifiesto de abordo y toda la demás información que nos pueda ayudar en la investigación.
Los Leone
Y una fresca mañana, temprano, parto con Drake hacia Nidamore, la residencia de los Leone.
Drake se muestra taciturno, y responde a toda mi cháchara con monosílabos. Y eso, cuando responde. Le cuento lo que sé de su casa, quién es quién, le hablo de la bella Donna Bianca (y le explico lo gracioso que me resultó enterarme de que «donna» significa «señora», y que no es parte del nombre, pero en realidad se lo cuento porque no estoy seguro de que él lo sepa, y mejor no meter la pata). Él contesta «Grmpf».
También le explico el fuerte carácter que tiene Donna Bianca, y que su padre y su esposo (del que enviudó hace 4 años) eran un par de barrigones sentados siempre a la mesa, contando monedas y comiendo y bebiendo... Él contesta «¿Grmpf?».
Finalmente llegamos a Nidamore, que es más parecido a lo que entenderíamos por un cortijo que a un fuerte preparado para la guerra. Las tierras de los Leone han sido tradicionalmente muy tranquilas, y no hay mucho de qué defenderse. Pero son gente relativamente fina, así que nos dan la oportunidad de darnos un buen baño nada más llegar. Drake no tiene ni las menores ganas. Dice que ya se bañó en sorguerno. Pero le insisto mucho, y acaba accediendo. Conspiro con los criados para que cambien sus aguerridas (y no muy limpias) ropas por otras que saco de mis alforjas, también aguerridas, pero limpias, con todas las tachas brillantes. Incluso tienen tiempo de abrillantar sus botas y pulir los mangos de las armas que lleve. Por supuesto, también yo iré a la recepción bien limpio y presentable.
Drake no se siente cómodo; se da cuenta de que no tiene la situación muy controlada, y aquí hay algo que huele a chamusquina.
Finalmente somos recibidos por Donna Bianca. Nos presentamos ante ella...
—Muy apreciada Donna Bianca, soy Alim de Mostagánem, de la casa Orovecchio —digo mientras hago una reverencia—. Y no necesito presentaros a Drake Orovecchio, hermano de Lord Fabrizio, como sabéis. Es un honor para...
—Sí, muy interesante, Alim —me interrumpe, impaciente, la dama—. Ahora me gustaría hablar a solas con Drake, si no tiene inconveniente. —Se levanta y se dirige hacia una puerta desde la que hace una seña a Drake para que la siga.
Desde que entramos en su gran sala, no le ha quitado los ojos de encima. Yo ya sabía que Donna Bianca estaba harta de hombres aburridos y sin personalidad, y que anhelaba un guerrero de brazo fuerte y carácter de acero. Le doy un codazo a Drake y le digo, en voz muy baja: «Hale, campeón, ahí tienes la gran oportunidad de aliar nuestra casa a la de Leone. Sé de buena tinta —no me preguntes cómo— que es una mujer muy fogosa en el tálamo, y te garantizo que no te vas a aburrir con ella. Tráetela a Piedrahundida, y habrás hecho más por nuestra familia que mil guerreros armados hasta los dientes.»
Drake alza una ceja, medita dos segundos, y... [vigilo cuidadosamente su reacción, porque preveo dos cosas: o sigue a Donna Bianca, a ver qué pasa, o me intenta meter una buena patada en el culo, en cuyo caso intentaré esquivarla.]