Search found 7 matches

by Alim de Mostaganem
08 Aug 2019, 10:53
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

Alim en Altoviento, 2ª parte
Me quedé arrodillado, conteniendo las ganas de vomitar a duras penas. Las piernas se negaban a ponerme en pie, y así pasé... no sé cuánto tiempo. Sentí como si la misión de Lord Fabrizio fuese clavar un clavo, y hubiéramos puesto en sus manos un catalejo como herramienta, cuando lo que necesitaba era un martillo o una maza, como Enyra o Drake. ¿Qué podía hacer yo?

De repente me di cuenta de que había oscurecido, así que debían de haber transcurrido horas, aunque no me parecía posible. Finalmente junté las fuerzas suficientes para ponerme en pie y caminar hasta el final de la galería, donde una puerta daba acceso a un balcón, y entonces lo entendí: no estaba anocheciendo, pero se había levantado un viento tempestuoso, y el cielo estaba cubierto de nubes de plomo.

A mis pies se extendía un patio alargado, a cuyos lados se situaban decenas y decenas (¿tal vez cientos?) de caballerizas. No me habían impresionado los caballos que había visto en las cuadras donde nos alojábamos, pero ahora entendía que aquellos eran los rocines de labor, y aquí es donde vivían los famosos corceles de Idum Dael, que prestaban su elegancia al blasón de los Buelhorn. Algunos sirvientes estaban encendiendo lámparas en algo menos de la mitad de las caballerizas, supongo que para que los caballos no se asustasen de la tormenta. Y así comprendí que los Buelhorn habían perdido más de la mitad de sus caballos en la reciente guerra. Seguro que tampoco estaban contentos con semejante desastre. Pero cuando alcé más la vista, hasta el final del enorme patio, tuve que restregar mis ojos; no podía creerlo. ¿No era eso un...? ¡Increíble! Una cosa estaba clara: los Buelhorn no tienen dinero. NADAN en él. Mis maquinaciones con los Leone nos habían creado un enemigo muy poderoso...

Había llegado el momento de rehacerse, crear uno de mis infalibles planes, y salir de aquí. Hice una lista mental de lo que necesitábamos, de cómo y cuándo lo necesitábamos, y de lo que teníamos. La verdad es que la cosa no invitaba al optimismo.

Me dirigí con presteza a nuestros aposentos (las cuadras), cruzando el patio principal bajo la inclemente lluvia (que había tenido el efecto positivo de despejar la zona de seres vivientes), y busqué a Walais, Maestro de las Llaves de Piedrahundida, el principal de entre los sirvientes de mi padre. Le conté lo que había sucedido en la sala del trono, y le expliqué mi plan a grandes rasgos.

—Walais, necesito que consigas esta noche, antes del amanecer, una carreta grande con caballos, ropas de labriegos, lonas y aperos de labranza.
—Entendido, joven señor —asintió sin dudar.

Mi plan era sencillo. Me hubiera gustado usar el viejo truco de la carreta de heno, pero no tendría sentido una carreta llena de heno abandonando el castillo, y menos en primavera. Así que mi idea era salir disfrazados de campesinos, con los aperos de labranza, como si fuésemos a hacer tareas labriegas. Mientras tanto, seguí inspeccionando el castillo, averiguando toda su estructura, las localizaciones de las estancias, etc. En uno de mis paseos de reconocimiento, una agradable voz a mi espalda me sorprendió:

—As salaam alaikum!

—Wa alai... kum... salaam. Mierda. —respondí instintivamente, antes de darme cuenta de la trampa. Me di la vuelta, y allí estaba la joven Uragana, con cara divertida.

—Tú eres el ujibo, el que adoptó Lord Fabrizio, ¿verdad?

—Mi señora, yo no...

—Hagamos un trato, ujibo. Tú no insultas mi inteligencia, y yo no grito «¡socorro, intentan forzarme!» —dijo, sin dejar de sonreír. Estaba claro quién tenía la sartén por el mango...

—A vuestro servicio, mi señora. Soy Alim de Mostaganem. Y vos debéis de ser la famosa Uragana Buelhorn —respondí, esperando que el reconocimiento me granjease alguna simpatía.

—Sí, soy Uragana. Aunque no creo que te haya sido difícil saberlo. No es que los pelirrojos abunden por esta parte del imperio... Llevo algunas horas viéndoos ir y venir, maese Alim; lo suficiente para comprender que estáis tramando algo.

—Mi señora, no deseamos causar ningún mal a nadie. Sólo deseamos salir de aquí —confesé. Probablemente lo mejor era ser sincero.

Uragana se quedó pensativa unos instantes, y por fin asintió.

—Si sólo deseas salir de aquí, necesitarás ayuda. Y yo puedo prestártela, ujibo. A cambio de que me llevéis con vosotros —propuso, sin más rodeos. Todo en su postura era un desafío.

—¿Qu... quééé? —balbuceé— Mi señora, las cosas ya están bastante complicadas de por sí como para que nos acusen además de secuestro. Además, sois demasiado j...

—¡Como te atrevas a hacer alguna referencia a mi edad o a mi sexo, te aseguro que no vivirás para ver el amanecer! —me interrumpió con furia—. En realidad no tienes elección, ujibo. Deja de perder el tiempo, cuéntame lo que planeas, y veré la forma de ayudarte.

En fin, la cosa estaba lo bastante difícil como para rechazar una posible ayuda. Y ella tenía razón: o participaba en nuestra conspiración, o daba la alarma y todo se habría acabado antes de empezar... Le di algunas instrucciones, y continué mi tarea de reconocimiento.

Ya de madrugada, a la hora cuarta, nos encontramos ante la cocina. Ella se había hecho con las llaves (lo cual me ahorraba un problema serio), y abrió la puerta. Entramos, y mientras ella preparaba una bebida caliente, yo corté dos hermosas rebanadas de hogaza, que unté con mantequilla y miel. Después machaqué unas cuantas semillas rojas, y mezclé el polvo con la mantequilla y la miel. La verdad es que el aroma era bastante apetitoso. Puse todo en una bandeja, y me dirigí a los calabozos. Entré directamente hasta donde estaban los dos guardias cumpliendo su turno de vigilancia, y les ofrecí el tentempié:

—Nuestro señor Josah me ha ordenado traeros esto, porque al parecer tenemos prisioneros muy importantes, y considera indispensable que os mantengáis alerta y con fuerzas —ofrecí de la manera más servil posible.

—¡Gracias, chico! —respondieron los guardias, que se lanzaron a devorar las rebanadas untadas sin dilación y sin muchos modales, todo hay que decirlo.

Me retiré, porque sabía que las semillas lodosas tardarían en hacer efecto. Volví al cabo de una hora, para encontrarme a los guardias adormilados y con cara de felicidad. Cogí las llaves y busqué rápidamente las celdas de nuestros guardias y de Lord Fabrizio. Instruí a los guardias para que se hiciesen con sus armas (que estaban allí mismo, en un armario), saliesen fuera, se vistiesen con las ropas de labriego conseguidas por Walais, y nos esperasen en la carreta con los aperos. También les indiqué que pusiesen sus armas bajo una lona, mezcladas con los aperos de labranza, pero procurando que sólo los aperos asomasen un poco. Después me dirigí a mi padre:

—¡Padre, padre! ¡Soy yo, Alim! ¡Tenemos que irnos!
—Alim... Alim... —balbuceó en respuesta. El dolor de la amputación y la cauterización hacían una mella terrible en su ánimo, y el agotamiento no ayudaba.

Así que le di una buena ración de semillas rojas y negras, esperando no pasarme. Cuando ya íbamos a salir, mi padre me dijo «tenemos que llevárnosla con nosotros». Yo no entendía cómo podía saber lo de Uragana, pero le respondí:

—No os preocupéis, padre. La pelirroja viene con nosotros.

—¿Peli... pelirroja? No, me refiero a ella —contestó, volviéndose y señalando a la celda contigua a la suya.

—¿Tienen aquí una mujer, esos perros? —interrogué, incrédulo.

—Bueno, depende de cómo definas «mujer».

Me acerqué a la celda, y vi un cuerpo cubierto de mantas. Era bastante grande para ser una mujer. De hecho era también bastante grande para ser un hombre. Abrí la celda, me acerqué con cautela, y levanté las mantas. Nunca había visto algo así, pero al menos sabía qué era lo que estaba viendo, aunque sólo fuese de oídas.

—¡Un dracónido!

—Una «dracónida», muchacho. Ten un poco de respeto si no quieres que te arranque la cabeza de un mordisco —bravuconeó. ¿O quizá no?

Llevaba uniforme militar de alto rango, así que no me costó adivinar quién era.

—¡Sois Nêcraxia, la gran General!

—Bravo, chico. Ahora, ¿vas a ayudarme a salir de aquí?

Se encontaba bastante débil. No había que ser un experto para ver las huellas de la tortura infligidas por todo su cuerpo. Yo ayudaba a mi padre a caminar hacia la salida, y él ayudaba a la dracónida. Debíamos de ser un espectáculo curioso, porque los guardias del calabozo no pudieron evitar reírse flojamente, en medio de su estupor babeante.

Bien, esto era un problema. Una carreta de labriegos podía pasar las puertas sin levantar muchas sospechas. Pero una carreta de labriegos con una dracónida... Necesitaríamos drogar o matar a los guardias, y el tiempo se nos acababa, porque el amanecer se acercaba. Y entre tanto, la tormenta no daba la menor señal de amainar.

—¡Alarma, alarma! —Oí gritar. Una ronda de guardias nos había visto saliendo de los calabozos, y aunque quizá no viesen una situación muy clara, lo que sí veían con claridad era a la dracónida. Los acontecimientos se precipitaban, y nuestras posibilidades de escapar cada vez se estrechaban más.

—Olvídate de la carreta —me gritó mientras se acercaba, en medio de la ensordecedora lluvia, Uragana. Casi no la reconocí, con su pelo teñido de negro, como le había indicado que hiciese—. Los guardias la han visto y se la han llevado. Vuestros guardias están ocultos en esos soportales.

—Mierda mierda mierd...

—Usas mucho esa palabra, ¿no? —Me dijo, casi riendo. Para ella esto era un juego, una aventura.

—Piensa, Alim, piensa. Pien... ¡Uh...! —recordé de repente lo que había visto en el patio de aquellos preciosos corceles— Eh... Uragana, ¿cómo podemos llegar al patio de caballerizas?

—¿Estás loco? ¡No podemos robar caballos! Bueno, sí podemos, pero tendremos el mismo problema ante las puertas.

—No te preocupes, llévanos allí. Como dice mi padre en momentos así, «fortuna audaces iuvat», que en lengua antigua quiere decir «hay que echarle huevos», o algo así.

Y así Uragana nos guio hacia el patio de caballerizas. Nêcraxia, mi padre y yo sosteniéndonos entre nosotros, Uragana delante, y nuestros nueve guardias detrás. Llegamos al patio, y Uragana me vio dirigir la mirada a aquella impresionante sombra del fondo. «¡Estás loco!» gritó, pero al mismo tiempo sonreía. Corrimos hacia allí, atravesando el patio a la carrera. O tan «a la carrera» como podíamos. Nos acercamos a la tarima, y dos guardias salieron de sendas garitas que guardaban las escaleras de acceso. Los guardias gritaron «¡Alarma, alarma!», pero el estruendo del viento y la lluvia, mucho más fuertes que en el patio interior, ahogaba sus gritos. Nuestros guardias se deshicieron de ellos rápidamente. Subimos a la tarima mientras un rayo iluminaba durante un fugaz instante el magnífico (aunque pequeño) dirigible, y nos dispusimos a abordarlo. Se trataba de un modelo de aire deportivo, el equivalente a un pequeño barco de recreo.

—No puede llevar más de ocho personas, pero contando a la dracónida, creo que siete será el máximo —gritó Uragana a mi oído—. ¡De todas formas esto es una locura, subirse a un dirigible con una tormenta semejante! —Pero seguía sonriendo.

—¡Sí! ¡Si tuviéramos otra opción, esto ni se me pasaría por la cabeza!

Y así, nos subimos mi padre, Uragana, la dracónida y yo, más tres de los guardias, que ellos mismos eligieron.

—Los demás, dejad las armas y volved a vuestros calabozos. Sería absurdo combatir aquí y ahora. Es mejor que viváis para combatir cuando realmente tenga sentido.

Dicho esto, soltaron las amarras, abrí las válvulas de los tanques de gas para llenar bien el dirigible, y este empezó a elevarse, sacudido por el inclemente viento. Ya estábamos a salvo, al menos de los Buelhorn, aunque a merced de la tormenta. Era imperativo poner el motor en marcha, para poder controlar, dentro de lo que nos permitieran los fuertes vientos, nuestro rumbo. Mi padre se encontraba de mucho mejor humor, riendo y canturreando, desafiando embriagado a la tempestad.
by Alim de Mostaganem
06 Aug 2019, 18:22
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

Tirada de degradación de ánimo.

Image

Mierda.
by Alim de Mostaganem
05 Aug 2019, 11:41
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

Off Topic
Lo siento, no voy a poder ser breve ;)
Antes de separarme definitivamente de los nuestros, le pido dos favores a Monseñor Floricarpio, haciendo hincapié en que de ello puede depender el futuro de nuestra casa: que me dé todas las semillas lodosas rojas que lleve encima, y que me deje algunas monedas de oro, que yo no he podido coger antes de venirme.
Off Topic
Aquí me saco algo de la manga: las semillas lodosas rojas tienen un efecto calmante, adormecedor. Las negras son excitantes y dan un montón de energía. Algo así como la diferencia entre cannabis índica y cannabis sátiva. Por lo que he leído por ahí, ¿eh?
Mejor pensado, que me dé también las negras, que también me pueden servir. Abelio considera la petición, y accede, entregándome una cajita de plata llena de semillas.

Partimos de viaje, un viaje largo y pesado, y cuyo incierto destino lo hacía aún menos atractivo. Es cierto que las hermosas tierras verdes de Idum Dael transmiten una cierta paz, pero no era eso lo que pasaba por nuestras cabezas. Y desde luego mucho menos por las de nuestros señores. Los llantos nocturnos de Doña Paulina nos partían el corazón, y el silencio impertérrito de Lord Fabrizio era el pilar sobre el que se apoyaban nuestras esperanzas. Las ofensas que recibimos por el camino por parte de los campesinos no prometían nada bueno: alguien había estado agitándolos contra nosotros; no obstante, Lord Fabrizio dejó muy claro que no se respondería a ninguna ofensa, y que su guardia actuaría exclusivamente en defensa propia.

Fuirmos recibidos por un tal Demetrius Buelhorn, un joven de aire seco y arrogante, un auténtico imbécil que se deleitaba con cada pequeña humillación que nos imponía: hacernos esperar, dar prioridad en atender a campesinos antes que a nosotros, alojarnos en las cuadras a todos los sirvientes de la casa Orovecchio... Maldito cretino.

En cuanto vi el ambiente de Altoviento, me temí lo peor, así que empecé a prepararme concienzudamente para lo que preveía. Es sorprendente lo fácil que es moverse por una casa noble con vestidos de sirviente de baja categoría: parece como si no existieses, los señores y los demás sirvientes se limitan a llamarte «¡Eh, tú!», y ladrarte órdenes. Si no tienen nada que pedirte u ordenarte, eres prácticamente invisible. Eso me permitió moverme con cierta soltura por el castillo, y examinar su construcción. Cuando mis señores fueron llevados a la sala del trono, ni siquiera intenté entrar: aquel no era lugar para un lacayo de tercera, como yo. En cambio pude atisbar desde la puerta que había una galería superior, donde sin duda se colocarían los nobles invitados para asistir a ceremonias de esas que tanto gustan a los de su clase. Tardé un poco en encontrar la puerta de acceso a la galería, pero no me costó entrar, porque no estaba cerrada con llave. De hecho ni siquiera tenía cerradura, sólo un simple tirador. Lamentablemente ya me había perdido parte de la conversación. En ese momento hablaba el que después supe que era Josah Buelhorn, hermano mayor de Demetrius y líder de los Buelhorn. Cortado por el mismo patrón de arrogancia y suficiencia que su hermano, lamentablemente:

—...dad! ¡No me puedo creer que, después de lo que la casa Buelhorn ha hecho por vosotros, cediéndoos la mano de mi hermana, manteniendo a esos vagos descamisados de los Leone para que protejan el flanco desértico de vuestras tierras, ahora pretendáis robarnos su vasallaje como si nada! ¡Y no me puedo creer que esa zorra, hija de mil cornudos, de Bianca se haya atrevido a esto!

—Mi señor —trató de calmarlo Lord Fabrizio, mientras su esposa sollozaba lo más silenciosamente posible en una esquina, repasando las 21 cuentas del rosario que Monseñor Abelio le había regalado—, comprended que el amor es una fu...

—¡Esto no es amor! ¡El amor no tiene nada que ver! ¡Si esa ramera callejera quiere fornicar con soldados recios, nosotros tenemos todos los que quiera, sin necesidad de acudir a un bufón tuerto y sin pelotas ni cerebro! ¡Esto es un asunto de lealtades y honor! ¡Y tú —gritó, dirigiéndose a mi señora Paulina—, deja de lloriquear!

Los guardias personales de Piedrahundida se removían inquietos, echando mano de vez en cuando a la empuñadura de sus espadas, pero Lord Fabrizio les frenaba con su mirada. Además, había el doble de guardias de Altoviento en la sala, lo que hacía poco viable una respuesta armada a los insultos del patán Bluehorn.

—¡Que venga Uragana, —exclamó Josah—, y que se lleve a Paulina a lloriquear a alguna de esas cámaras para mujeres! —y se mantuvo en silencio, dando zancadas por la sala, hasta que llegó la tal Uragana, una chica joven, de unos 16 años, un torbellino de energía radiante, pelirroja de ojos verdes (bueno, no llegué a verle los ojos desde la galería, pero apuesto a que eran verdes). Era, obviamente, hermana de Paulina y Josah, pero no me explico cómo podía tener ese pelo del color del cobre, que no se daba en su familia. ¿Sería bastarda?

—Ven, hermana, dejemos a los gallos peleándose hasta desgañitarse —le dijo Uragana a Paulina con una voz dulce como la miel, pero cargada de energía como el sol de la mañana, cálida como... Mas perdonad, que me desvío del relato. Las dos mujeres se retiraron, y Fabrizio intentó aprovechar el momento para suavizar la postura de Josah:

—Comprendo vuestra queja y el menoscabo que supone esta boda. Los Orovecchio estamos dispuestos a indemnizar a vuestra familia debidamente, con una compensación en oro y bienes que...

—¡No conocéis a los Buelhorn, Fabrizio! Nosotros no somos unos campesinos venidos a más, somos nobles de rancio abolengo, y el respeto no se puede pesar en oro y bienes. ¿Os habéis traído a la tonta de mi hermana, pensando que os serviría de salvoconducto? No sé cómo conduciréis vuestros asuntos en vuestra pocilga de Piedrahundida, pero las cosas no funcionan así en Altoviento. —Y dicho eso, hizo unos gestos extraños a sus guardias, que en menos de dos segundos tenían acorralados a los guardias de Piedrahundida con lanzas, mientras dos de ellos inmovilizaban a Lord Fabrizio.

—¿Qué...?
—Sois un ladrón, Fabrizio, en nada diferente de un ratero de mala muerte. Y aquí sólo hacemos una cosa con los ladrones —susurró más que gritó, con una mirada cargada de odio, mientras sacaba su espada.

Los siguientes segundos transcurrieron con una rapidez asombrosa, y a la vez con una lentitud difícil de entender o explicar. Un guardia sujetó a Lord Fabrizio de rodillas en el suelo, mientras otro le aferraba la mano derecha con fuerza sobre una mesa. Josah descargó la espada con fuerza, amputando la mano de Lord Fabrizio y convirtiendo la mesa en astillas. No sé cómo conseguí contener un grito, pero para crédito de Lord Fabrizio, él tampoco abrió la boca, aunque el color abandonó su cara.

—Lleváoslo, y que el barbero le cauterice la herida. Después encerradlo en los calabozos. Desarmad a sus guardias y encerradlos también. Tengo que pensar qué vamos a hacer con los Orovecchio.

Los soldados obedecieron con suma rapidez, y Josah se quedó a solas con otro hombre, quien con voz empalagosa y servil le preguntó:

—¿Qué haremos ahora, mi señor?
—Hum, no podemos matar a Fabrizio sin más; mi hermana no lo comprendería. Pero no sería raro ni incomprensible que falleciese durante un intento de fuga, digamos que mañana por la noche. ¿Me entiendes, Jladianus?
—Perfectamente, mi señor. Será una pena que Fabrizio intente algo tan descabellado y sin posibilidades, je, je, je —y diciendo esto, el tal Jladianus se retiró tres pasos de espaldas, se dio la vuelta, y se fue, mientras Josah cogía un cáliz de otra mesa y lo estrellaba con furia contra la pared.

—————— C O N T I N U A R Á ——————
by Alim de Mostaganem
01 Aug 2019, 08:16
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

Ante todo, estoy muy disgustado por la paliza que Drake, todo un guerrero avezado, ha proporcionado gratuitamente a Buffalmacco, un joven que acaba de dejar atrás la adolescencia, y que nunca se ha peleado más allá de las refriegas de críos callejeros. Acudo a Leezar para que intente ayudarle, a ver si es posible que no le queden secuelas en la cara. Si tuviese con qué (músculos y algún conocimiento de lucha), iría a darle una merecida paliza a Drake por esta villanía. A falta de músculos y de saber luchar, de momento no le dirijo la palabra, y le miraré con desprecio cada vez que me lo encuentre.

La verdad es que, si por mí fuera, mandaría la boda a la mierda; ahora me sabe mal haber liado todo esto, y me sabe mal sobre todo por Donna Bianca, a pesar de que algo me dice que a ella no le molestaría que su hombre guerrero la azote, pero de otra manera, claro. Sin embargo ahora no puedo echarme atrás. Aunque no sea por Drake, ahora tendrá que ser por la familia...
Starkvind wrote: 30 Jul 2019, 21:54 [...]el Barón Fabrizio Orovecchio, hablando preocupado con su ahijado Alim.

— De ninguna manera voy a dejar que vayas a Altoviento, Alim. — replica con severidad Fabrizio. — Esta unión ha surgido por meter las narices en los asuntos de los Leone. Y yo di el visto bueno. Los Buelhorn no nos deben nada, hijo. Una unión auspiciada por Ylathia y Xelastris es lo que necesitamos para levantar cabeza. — doy un paseo por la habitación, inquieto. — Tú no debes venir a Altoviento, ya sabes la opinión que tienen de los ujibos allí. Y no quiero que te pase nada. Viajaré con Paulina, los Buelhorn son su familia y será agradable para los dos estar un tiempo alejados de la Fortaleza. Tú, sin embargo, deberás viajar hasta Nidamore y darle las buenas nuevas a Bianca de parte de los Orovecchio. Estoy seguro de que podrás negociar una dote espectacular.

Aún a expensas de que su padre adoptivo se niega a permitirle hacer lo que quiere hacer, Alim sabe que debe superar una tirada de Persuasión para convencer a Fabrizio de otro curso de acción. Si no, el patriarca de los Orovecchio se marchará a medio día después de que la expedición de Enyra haya partido. La caravana de Fabrizio se encontrará con los restos de la batalla por Villa Musgosa, pero después continuará su viaje hasta Altoviento. Si Alim va, al final, hacia Altoviento, quizás es necesario que use su Gallardía para hacer entender a los Buelhorn de que todo esto es una buena idea.
A solas con Lord Fabrizio, le respondo:

—Lord Fabrizio... padre —me corrijo, al verle fruncir el ceño como siempre que no le llamo padre; y estando a solas, no me importa—, es cierto que esta unión ha surgido por caminos retorcidos, pero Ylathia escribe recto con renglones torcidos, según Monseñor Abelio. Es cierto que no aprecian a los möros en Altoviento, pero yo no soy un cualquiera, soy vuestro hijo adoptivo, y eso me convierte en un embajador de cierta respetabilidad. Además, tratar este asunto allí con Doña Paulina presente, podría ponerla en una posición muy incómoda, y seguramente sea mejor llevarla de visita cuando las aguas se hayan calmado. Además, yo soy el principal responsable de toda esta cadena de sucesos, y me corresponde resolverla.

Image
Fallo :oops:

—La decisión está tomada, hijo. Iremos tu mad... Doña Paulina y yo a Altoviento, y no se hable más. Sé que hablas de corazón y con la mejor intención, pero en este caso me fío más de mi experiencia que de tus ganas de hacer las cosas bien. Prepárate para ir a Nidamore.

Leo en sus ojos que, efectivamente, la decisión está tomada, y no hay más que decir. Asiento, le deseo las buenas noches y me retiro.

Por suerte, Lord Fabrizio y su esposa viajarán con una nutrida comitiva, como hacen siempre los nobles: más de 20 personas les acompañarán en el viaje, incluyendo guardias, sirvientes, cocineros, ayudantes, etc. No me resulta difícil integrarme en dicha comitiva como ayudante de cocina, y viajar de incógnito con ellos a Altoviento, después de soltarle unas cuantas monedas al cocinero jefe y persuadirle de las ventajas de llevarse bien con La Visión. Lo de Nidamore puede esperar por ahora.

Al poco de iniciar el viaje hacia Altoviento, llegamos al campo de La Batalla de Villamusgosa, donde Enyra hace un pormenorizado relato de lo sucedido. Siempre me sorprende de esta guerrera lo expresiva que es cuando habla de batallas y derramamiento de sangre, cuando es más bien parca en palabras para todo lo demás. Por supuesto el servicio de los señores no asiste a esta conversación, pero yo consigo situarme lo bastante cerca como para no perder detalle. Lord Fabrizio se muestra intranquilo, pero por otra parte ve que la gestión del problema que están haciendo sus subordinados va bastante bien encaminada.

En un momento dado, entre charlas y recorridos del campo de batalla, me acerco discretamente a Moseñor Abelio y le explico lo que ha pasado, por qué mi padre va en persona a Altoviento, y cómo me he colado en la comitiva como un sirviente, para ayudar en lo que pueda. Él no está nada contento de saber esto y tener que guardarlo como un pequeño secreto, porque no casa bien con su fe. Pero yo le insisto en que los caminos de Ylathia son inescrutables, y la sola mención de su Señora parece calmarlo. Le animo a que insista a mi padre en acompañarle, ya que en Altoviento son muy impresionables ante las figuras de poder religioso como él...
by Alim de Mostaganem
27 Jul 2019, 11:35
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

No es como a mí me hubiera gustado que Drake aceptase. Pero creo firmemente que Bianca Leone le va a hacer feliz.

Si todos están de acuerdo, yo iré a Altoviento para hablar con los Buelhorn. En cuanto la expedición a la Torre de Gustaffon haya concluido (lo que no debería llevar más que uno o dos días), me gustaría partir hacia Altoviento acompañado de Abelio, cuyo carisma y poder sobre las mentes más débiles nos servirá muy bien. Espero que él se apreste a ayudar en este asunto tan peliagudo.
by Alim de Mostaganem
26 Jul 2019, 16:20
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

Hablo en el Consejo, donde habré procurado sentarme cerca de Lord Fabrizio y lejos de Drake (al menos a más de un brazo y una espada de distancia):
-Querido tío Draconio, siempre habéis sido un modelo de guerrero fiel a la familia, pero está claro que el derramamiento de sangre os ha afectado. Os ha endurecido como hombre, y temo que haya curtido no sólo vuestra piel, sino también vuestro corazón. Reconozco que era mi ilusión veros acompañado de una dama a vuestra altura, que os diese cariño y sabiduría, ahora que estáis dejando atrás vuestra juventud. Y vos sólo parecéis estar interesado en contar sus cabras y sus bueyes. ¡Parece como si estuvieseis dudando entre adquirir una esposa o adquirir una marrana para criar lechones! Veo que el amor tiene un filo demasiado romo para vuestro corazón... Escuchadme, porque Donna Bianca no es una cabeza de ganado, ni vos un comerciante: yo puedo ir a negociar la dote en nombre de Lord Fabrizio, pero si no os veis capaz de amarla, sed honesto y decidlo así. Y no os limitéis a pedir cuentas de cabras y cerdos para determinar si os interesa. Esto no está a la altura de vuestra gran dignidad.
by Alim de Mostaganem
24 Jul 2019, 09:23
Forum: Capítulos finalizados
Topic: [1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»
Replies: 66
Views: 15645

Re: [1x03] Capítulo tercero

En cuanto a la posible boda de Drake, creo que el único que tiene que decir «sí» o «no» claramente es Drake. Por supuesto que sería beneficioso para la familia, y entre los nobles, ya sabemos, la boda no significaría, como teme Enyra, que Drake deba sentar cabeza y dedicarse a «sus labores». De hecho, podría traerse a su flamante esposa a Piedrahundida. Nadie le quitaría de hacer todo lo que le gusta hacer... al menos durante el día ;)

Pero si Drake no lo ve claro, no seré yo quien le empuje en una dirección que no desea, ni aconsejo que nadie lo haga. Lo que es importante es que tome una decisión. Si es «sí», adelante. Y si es «no», pues igualmente.

Si Drake aceptase, reconozco que los Buelhorn serán un problema. Pero en Piedrahundida el toro se frena por los cuernos, así que no vamos a esperar a ver qué pasa. Me ofrezco para ir de emisario a los Buelhorn y explicarles la irresistible fuerza que es el amor, y que no tiene sentido oponerse a ella. Me gustaría llevarme de compañía, eso sí, a Monseñor Floricarpio, pues probablemente nadie pueda dar más fuerza a los argumentos del sagrado matrimonio que él.

En cuanto a las tribulaciones de Gerad con las cuentas, viendo que este mes están poniéndose un poco cuesta arriba, os recuerdo que tengo la hermosa gema que el habilidoso Leezar creó el pasado sorguerno. Quizá recordéis que me la llevé a Nidamore como plan B, pero como el plan A funcionó bastante bien, no llegué a usarla. Así que si hace falta venderla para comprar piedra o lo que sea, pues aquí está.

Si mi opinión sobre las prioridades de Piedrahundida interesa a alguien, diré:
  1. Lo primero es limpiar y recuperar la Torre de Gustaffon, que es un peligro para todos nosotros, y más después de lo que nos ha contado Leezar. Esta carga me temo que deba recaer sobre los hombros de Enyra y Drake. Además, temo que Malthus haya podido ir allá, y empeorar la situación.
  2. Lo segundo, arreglar nuestra situación económico-productiva, y en ese sentido habrá que estar a los que diga Gerad.
  3. En tercer lugar, aunque no sea tan urgente, Drake debe tomar una decisión clara y sin sombra de duda sobre la propuesta de Donna Bianca. Si es positiva, habrá que ir a hablar con los Buelhorn. Si es negativa, habrá que ir a hablar con Donna Bianca.