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por Alim de Mostaganem
24 Ago 2019, 15:56
Foro: Capítulos finalizados
Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Bueno, Alim no tiene ni media torta, pero se pone hombro con hombro con su tío Drake.

No me fío ni un pelo, y el musgo rojo hasta ahora sólo ha traído demonios. Hasta que no demuestre fehacientemente que es quien dice ser, y Abelio lo certifique, tendrá que quedarse aquí, o pasar por encima del cadáver de Drake y echarme a un lado de media torta.

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por Alim de Mostaganem
23 Ago 2019, 12:36
Foro: Capítulos finalizados
Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Al registrar el cadáver de Wilham he encontrado una carta dirigida a Abelio. Tengo la fuerte sospecha de que es una vulgar falsificación, pero prefiero discutirlo con Abelio y Leezar, cuyo saber técnico seguramente sea má fiable que mi suspicacia para determinar si estamos ante una falsificación o no.

Encontrar a Leezar, como siempre, es fácil: está en la biblioteca. Le enseño la carta:
Galothertus Porach escribió: Obispo Floricarpio

Sus continuas peticiones de expedición comienzan a ser una molestia incómoda para la Iglesia de nuestra señora Ylathia. Como se le ha pedido en innumerables ocasiones, limítese a mantener la fé de Ylathia en los Marjales de Omudax. La búsqueda de las Reliquias de las 21 apóstolas es responsabilidad de la Hermandad de escarífices de La Precursora, y no es algo que a un obispo provincial como vos deba preocuparle.

Le rogamos continúe con su buen hacer conservando la fe de los isophios. Como dijo nuestra señora al emerger del lago plateado, «la paciencia es la virtud de los benditos».

Sin más que añadir, se despide vuestra santidad Galothertus Porach, Coríseo de la Iglesia de Ylathia.
Sospecho que es una falsificación porque:
  • No está lacrada
  • Estaba en manos de Wilham, que ya sabemos que era un jeta sinvergüenza vividor. Y me consta que también un falsificador
—En todo caso, maese Leezar, también tenía este papel en blanco y este frasco de tinta —añado, mientras Leezar levanta la cabeza tras leer las últimas líneas de la carta—. Vos podréis comprobar con vuestros conocimientos alquímicos si se trata del mismo papel y tinta de la supuesta carta del Corif... Corsi... del Gran Imam Ylathiano. Además, me gustaría mostrarsela a Monseñor Abelio. Puede que él tenga alguna manera de comprobar su autenticidad, como reconocer la letra del Corq... Cron... del autor, o si la información que figura es correcta, en cuanto a la misión de las Hermandad esa, o si lo que dijo la Señora al salir del Lago Plateado es exacto y conforme al canon.

Así me dirijo hacia la iglesia con Leezar, para hablar con Abelio... cuando nos encontramos todo el festival milagroso. Entramos en la parte trasera de la iglesia justo cuando la Resucitada se acaba de vestir.

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Está claro que, ante lo que está sucediendo aquí, lo de la carta no tiene mucha importancia, aunque se lo comentaré a Abelio cuando tengamos un momento de tranquilidad. Lo cual, por lo que parece, no va a ser dentro de poco.
por Alim de Mostaganem
21 Ago 2019, 23:37
Foro: Capítulos finalizados
Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Abelio Floricarpio escribió:
21 Ago 2019, 13:03
Miro a Alim....

"Amigo.... sólo puedo confiar en vos. Debemos saber dónde yace el cadáver de la santa...o primero poner a Richerento en cuarentena? .... O hablar con Jiggalen??? "

Me siento de golpe en la cama de nuevo... "Ylathia ayúdame!!!"
—Yo no me preocuparía mucho por RIcherento —le respondo a Abelio—. He registrado el cadáver de Wilham de arriba a abajo, y de dentro a fuera, si me entendéis —le guiño un ojo—; y no llevaba nada que pudiese identificarse con un antídoto: ni ampollas, ni viales, ni pastilleros, ni anillos o colgantes huecos con polvos curativos, ni nada de nada. Sospecho que se estaba marcando un vulgar farol, lo que cuadra bastante bien con el personaje que parecía ser. De todas formas, me encargaré de que Richerento esté al menos 48 horas aislado y en observación.

Giro los ojos, hacia arriba, intentando recordar...

—Creo que Drake o Gerad se habían hecho cargo de la Queimada (espero que este término no resulte poco respetuoso) —le recuerdo—. Les avisaré de lo que acabamos de averiguar, aunque creo que está a buen recaudo, y no parece probable que vaya a ir a ningún sitio, Monseñor. En cuanto a Jiggalen, creo que os corresponde a vos tratar ese tema; él confía en vos como un maestro, puesto que vos le habéis enseñado el camino que está siguiendo. Si yo me entrometiese, seguramente el efecto sería el contrario al que deseamos.

«Vaya, vaya, vaya» pienso. «Así que la tal Elisia Jacenty era una agente infiltrada que iba custodiando la momia sagrada de La Queimada...»

Esto va aclarando algunas cosas. Pero me dejo de tonterías y resuelvo ponerme manos a la obra, que hay mucho por hacer:
  • Ordeno a dos guardias que conduzcan a Richerento a una sala donde esté solo y vigilado las próximas 48 horas. Doy instrucciones muy precisas de que no se le toque, de que los guardias lleven un pañuelo cubriendo la boca, y de que no se permita a Richerento tocar ni hablar con nadie. Sigo convencido de que era un farol, pero no creo que nadie haya muerto nunca por un exceso de prudencia.
  • Me encamino a hablar con la dracónida, a ver quién demonios es, por qué estaba en Altoviento, y qué planes tiene.
  • Recojo toda la información que mi red de pajarillos me proporciona, y que puse en movimiento nada más aterrizar con el dirigible en Piedrahundida —aunque sugerí al consejo enviar a alguien a espiar a Altoviento, las órdenes ya habían sido dadas, porque el tiempo corría en contra nuestra—.
«Nêcraxia»
Me dirijo a los aposentos donde se aloja la falsa Nêcraxia, con libertad de ir y venir, pero siempre vigilada y escoltada. Llamo a la puerta y, cuando me invita a entrar, paso.

—Buenos días, mi señora. Espero que encontréis el acomodo a la altura de lo que estáis acostumbrada -—la saludo cortésmente—.
Asiento vaga y desinteresadamente a su convencional respuesta, mientras miro por la ventana. A continuación hago una pausa dramática, mirándola a los ojos, y ataco sin rodeos:
—Tenemos un problema, mi señora. Desde que nos vimos en Altoviento me dijisteis que erais Nêcraxia, pero varios de mis familiares han luchado a su lado en la guerra, y me han asegurado que no sois vos —le espeto, mirándola siempre fijamente a los ojos.
—Eh... ah... claro... vos os referís a la Gran Generala Nêcraxia, claro. Sí... ya veo cómo ha podido crearse alguna confusión —medio dice, medio farfulla, confusa y poniéndose colorada, o tan colorada como puede ponerse una dracónida—. Veréis, no, no soy exactamente «esa» Nêcraxia.
—Ya. El caso es que si no sois «exactamente» esa Nêcraxia, me gustaría saber cómo podéis ser «aproximadamente» esa Nêcraxia —le respondo, siguiéndole el juego, pero dejando claro que aquí no somos tontos—. Veréis, estoy seguro de que en la corte estos juegos de «inteligencia», este intercambio de mentiras y medias verdades mal disimuladas, constituyen una actividad social apreciada. En Ormudax somos gente sencilla, y valoramos más la honradez y la sinceridad. Os ruego que honréis nuestra hospitalidad siendo honesta.
—Claro, claro... —se excusa—. Veréis; no, no soy la Gran Generala, como habéis averiguado con gran agudeza y presteza —me adula—. En realidad soy su hermana, Nÿbraxia. Mucha gente nos confunde, pero supongo que, sobre todo a los humanos, todos los dracónidos les parecemos iguales, ja, ja.
—Ja, ja —río, pero mi risa no alcanza mis ojos, y de hecho tampoco mi boca.
—Nêcraxia y yo no nos llevamos bien. De hecho nos tratamos bastante poco, en parte porque yo soy una simple alférez del ejército, y ella no puede concederme un trato de favor sin comprometer su posición. Pero os aseguro que se alegrará MUCHO de que me hayáis rescatado de Altoviento, y que no lo olvidará —concluye, bajando la cabeza.
—Hablando de Altoviento... ¿qué hacíais allí? —continúo mi interrogatorio.
—No lo tengo muy claro. Creo que los Buelhorn están en un momento pésimo de relaciones con el imperio, porque la guerra les ha costado más de la mitad de su caballería, y ellos culpan a los Capitanes Generales, y particularmente a Nêcraxia, de haber desarrollado unas tácticas absolutamente desastrosas para la caballería, con tal de salvar otras secciones del ejército que tenían más interés para ella. En palabras de Josah Buelhorn, «Nêcraxia se encargó de que la caballería regase con sus sangre y sus tripas el campo de batalla para que otras familias más preciadas salvasen sus preciados infantes» —me confiesa—. Creo que no tenían muy claro qué iban a hacer conmigo; tal vez pedir un rescate, o simplemente asesinarme para vengarse de Nêcraxia... no lo sé —concluye.
—Os agradezco la sinceridad, Nÿbraxia. Sois nuestra huésped mientras lo deseéis, y os mantendremos la escolta. Quisiéramos informar a vuestra hermana, pero ha desaparecido desde el accidente del dirigible —le digo, esperando su reacción.
—¡Oh, no! ¿Otro accidente de dirigible? Parecen tan seguros... No sabía nada, la verdad. En Altoviento no me informaban de nada. Quizá debería ir a buscarla... —dice, pero la verdad es que no parece estar deseando recoger sus cosas y salir en su búsqueda. De hecho se recuesta aún más cómoda en su asiento.
—Oh, no, por favor —le respondo—. Quedaos, vos y vuestra familia ya habéis padecido bastante. Al menos enviaremos una carta a vuestros familiares para hacerles saber que estáis bien, si lo deseáis.
—Sí, por favor —y me da los detalles para hacer llegar una carta a sus familiares, mientras sigue comiendo de una bandeja de aperitivos que, de alguna manera, se ha hecho traer.

Con esto doy por concluido el interrogatorio, y me retiro.

Los Buelhorn
Bien, me dirijo a la Casa del Amor, como algunos cursis la llaman, y tiro de todos los hilos para saber qué está sucediendo el Altoviento.

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!القرف :x :x :x

Bien, los espías que hemos enviado a Altoviento, teniendo en cuenta el alto estado de alarma y máxima vigilancia que tendrían allí, han sido detectados y capturados. Uno pudo salir por patas y enviar una anfíptera para avisarnos del fracaso de la misión. Mierda, mierda, mierda.

En todo caso, lo único que tiene sentido es prepararnos para lo peor. Aunque no tengo duda de que la demanda de duelo será escuchada, porque Josah Buelhorn es un tipo al que su tremenda arrogancia jamás le permitiría rebajarse a no aceptar una demanda de duelo.
Off Topic
Lo que va en negrita, lo declaro con mi talento de La Visión
.
por Alim de Mostaganem
20 Ago 2019, 12:39
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Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Obviamente devuelvo la carta a Abelio, diciéndole que no quería arriesgarme a que llegase a manos equivocadas mientras él estaba inconsciente. Por supuesto sigue con el lacre intacto.
por Alim de Mostaganem
16 Ago 2019, 09:38
Foro: Capítulos finalizados
Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Abelio Floricarpio escribió:
16 Ago 2019, 00:33
Me arrastró en shock, salgo al pasillo y digo

"Guardia....Guardia....encierren a Richerento....sólo....rápido
.. No lo toques.....A punta de alabarda....NO LO TOQUEIS!!!

Sujeto el documento lacrado temblando. ¿será falso? ¿sólo un cebo para llegar hasta mi Y Piedra Hundida? ¿he fallado a mi hogar?

Ylathia, iluminame!!!!
Guardo el documento aún lacrado en la manga, deseoso de que todo sirva de algo...pero no puedo más....me desmayo junto al cuerpo del impostor sangrante
Llego el primero al cuerpo inconsciente de Abelio. La Visión es la primera en saber lo que ha pasado, como casi siempre. Y Richerento está buscando a toda velocidad a Drake y a Lord Fabrizio por orden mía. No he ententendido las palabras de Abelio sobre encerrar a Richerento, pero creo que es el shock.

Entro en su cámara y me encuentro el cuerpo exánime de Wilham, más o menos como me lo esperaba. Cuando un monje de Ylathia pronuncia el «cu cu tras», la sangre corre y no hay vuelta atrás, según el dicho. Me alegro de que Abelio haya tenido la sangre fría necesaria para no quedarse paralizado y actuar con bravura. Me ocuparé de que se corra la voz, sobre todo a través del burdel, a ver si aumenta un poco más su prestigio. De hecho adornaré la historia para darle un aire ligeramente milagroso, y dejaré que el cotilleo lo aumente a proporciones bíblicas.

Registro el cuerpo de Wilham, a ver qué encuentro. Sobre todo me interesa el antídoto para el veneno del que hablaba

Cojo la carta de la manga de Abelio, entro en su cámara y la escondo, lacrada como va, en un sitio seguro que yo solo sé. No me fío aún de que no haya espías en Piedrahundida, y no me parece que esa carta deba llegar a ojos indiscretos. De hecho cambio de opinión, y me guardo la carta entre mis ropas. Ya me encargaré de esconderla más tarde.

Cuando llegan Drake y Lord Fabrizio, les explico lo sucedido, e incluso les repito todo lo que ha dicho Wilham antes de morir. Si viene alguien más del consejo, también se lo cuento todo. De la carta, de momento no digo nada. La llevaré a la próxima reunión del consejo, que aconsejo a mi padre convocar en cuanto Abelio recupere la consciencia. Hago llamar a Leezar (si es que no está ya presente) para que examine a Abelio, y vea si puede recuperarle la consciencia.
por Alim de Mostaganem
14 Ago 2019, 07:25
Foro: Capítulos finalizados
Tema: [1x04] Capítulo cuarto «Templo de Ylathia»
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Re: [1x04] Capítulo cuarto

Unos instantes de silencio han servido para que los murmullos que ha provocado Monseñor Abelio se extingan por sí solos. Espero a que sus monaguillos se lleven a su colega religioso, este que acaba de visitarnos con su rosario y su fajín de colores, y me dirijo a mi familia:

—Queridos padre —sí, por primera vez le llamo padre delante de toda la familia, y estaré atento a ver si alguien frunce el ceño o hace algún otro gesto—, tíos, familiares y aliados: ante todo gracias por la bienvenida. Nuestro viaje a Altoviento ha sido más duro de lo que pensábamos, y nos ha costado mucho más de lo que es aceptable. No, tío, la anulación de la boda de Lord Fabrizio con Paulina es una decisión que sólo le compete a él. Y de todas maneras, he visto lo suficiente de los Buelhorn como para saber que eso no les aplacaría por sí solo. Sus peticiones no son «una cosa o la otra», sino que lo quieren todo: la anulación, la humillación de Sir Drake, la «devolución» de los Leone y, si de paso puede ser, la humillación completa y total de los Orovecchio.

Hago una pausa pensativa, y continúo con gesto serio:

—No podemos pasar por alto lo que ha sucedido, ni ceder a su arrogancia, porque si ahora les damos la mano, pronto vendrán a por el braz... —en ese momento me doy cuenta de mi metedura de pata, y miro con lágrimas en los ojos a Lord Fabrizio—. Disculpa la metáfora tan desafortunada, padre. No, no podemos ceder. Tenemos que prepararnos para lo peor.

Y diciendo esto, saco un papel con algunas notas que he tomado antes de la reunión. Mirándolo, empiezo a plantear los puntos que me parecen necesarios para este mes:

—Coincido en que la reparación de la muralla es prioritaria, y en cuanto a los asuntos de creaciones o mejoras de dominios, me fío de lo que dice mi tío. Por mi parte, sugiero una acción para este mes que no podemos soslayar: necesitamos espiar a los Buelhorn, saber qué están haciendo, qué traman, y cómo. Aunque su caballería está muy mermada por la guerra, seguramente no tanto como para que su estúpida arrogancia no les lleve a intentar algún tipo de ofensiva contra nosotros; la carta de Josah así lo augura. Por mi parte, soy consciente de las dos invitadas que tenemos y de las dudas que plantean desde el primer momento. En particular, Uragana está siendo escoltada constantemente por dos de nuestros hombres, sobre todo teniendo en cuenta la tensión con su familia, para protegerla de posibles actos vengativos de civiles de Piedrahundida (y para tenerla vigilada y saber en todo momento dónde está y qué está haciendo). La dracónida seguramente no necesita escolta, pero siempre hay uno o dos pares de ojos sobre ella. Por mi parte, me planteo interrogar a la dracónida estos días, para saber quién es, por qué estaba presa en Altoviento, y qué planes tiene. También sonsacaré a Uragana, para saber qué tiene en la cabeza. En cuanto a lo expuesto por Enyra, tiene toda la razón: voy a investigar si tenemos espías de los Buelhorn entre nosotros. O más bien, a investigar cuántos hay y quiénes son.