Un sabor metálico inunda mi lengua. La exhibición de habilidad de Drake había nublado mi percepción, pero ése era el objetivo. Josah había sido tan arrogante como para preparar un asalto tan cobarde a mi amada, a su hermana. A su propia sangre, a su sobrino. El primogénito de los Orovecchio. Aún no había nacido y la cacofonía de su llanto inexistente atormenta mi existencia.
Me traslado hacia el lugar donde yace Paulina, experimentando los estertores de muerte. La chamana Scheziss no es capaz de seguirme el ritmo, el tiempo que he pasado en el Santuario de los Pantanos me ha venido demasiado bien. Todo mi cuerpo está en tensión y lo único que son capaz mis sentidos de reconocer es la respiración entrecortada de mi esposa. Paulina.
Los Orovecchio y los Buelhorn nos habíamos unido para proteger nuestras tierras, olvidadas por el Imperio, y ser grandes por nuestra cuenta. Ay, la avaricia de Josah y la estupidez de Demetrius les ha llevado a un terrible fin. No puedo llorar, mis lágrimas se secaron hace muchos años. Farfullo una orden a mis soldados... «Buscar a Drake y matad a todo el que lleve el blasón de los Buelhorn» creo pronunciar. El último aliento de mi amada sucede entre mis brazos; no para de manar sangre de su vientre: de nuestro retoño y suya. No ha llegado a nacer, pero sé que era un varón.
Scheziss observa la escena a una distancia prudente, en completo silencio. Me advirtió en el Santuario de los Pantanos que si permitía que sucediese el duelo, mi progenie estaría en peligro. Estúpido de mi, asumí que era mi hermano. Me pongo en pie con el cuerpo aún caliente de la matriarca de los Orovecchio. Los asistentes al duelo, los Forneustone y la propia inquisición me observan bajar lentamente por las escaleras del anfiteatro, hasta la arena. A paso tranquilo, me dirijo hacia el cuerpo de Josah Buelhorn, que yace con una mueca gélida y sorprendida: el resultado del combate ha sido en parte por la habilidad de mi hermano. Josah esperaba que se rindiese al ver a Paulina amenazada, pero Drake sabe hacer muy bien una cosa. El silencio es sepulcral: todo el mundo está esperando a ver qué hago.
Deposito el cadáver de Paulina junto a su hermano mayor y cierro los ojos de Josah, con tranquilidad. Cuando me pongo en pie, me dirijo a la inquisidora Tyagha Lorend, con movimientos calmados y dicción lenta.
— Los Orovecchio hemos ganado este duelo. ¿No es así, inquisidora Lorend?
Se nota que, a pesar de su experiencia como guerrera santa, a Tyagha le cuesta articular palabra después de lo que ha ocurrido. Sin embargo, no tarda en recuperar la compostura.
— Así es, lord Orovecchio. — carraspea. — Sin tener en cuenta lo que ha ocurrido... en las gradas... vuestra casa ha resultado ganadora del duelo. El Tribunal de Beslitz declara que la Casa Buelhorn debe despojarse de sus dominios y entregarlos a la Casa Orovecchio. Los miembros supervivientes de la Casa Buelhorn serán exiliados a las tierras salvajes de Vilennea, a las Junglas de Fanghis o a trabajar como plebeyos en Los Arrozales.
Escucho con atención lo que tiene que decir. Está claro que el Imperio va a intentar no involucrarse demasiado en lo que va a suceder. Solo puedo sonreir.
— Supongo que, si Demetrius Buelhorn se niega a abrir las puertas de Altoviento, nos asistirán en el asedio. — hago una pausa para evaluar la respuesta de la inquisidora. — ¿No es así?
Antes de que pueda responder, aparece el pequeño grupo de soldados dirigidos por Alessia. El rostro de la joven palidece al ver el cuerpo encinta de Paulina yaciendo en el suelo, repleto de cuchilladas y ensangrentado. Demetrius es inteligente, pero es un cobarde. La inquisidora intenta justificar la ausencia de ayuda, apoyándose en lo sucedido con Rewill Borney. No presto demasiada atención a lo que me dice, ahora solo necesito una cosa más de ella.
— Envíe a uno de los escarífices a Piedrahundida. Pero no a uno cualquiera, necesito al Cultor de las Cicatrices. — clavo mi mirada para que sepa a qué me refiero. — Guarde los cuerpos de los Buelhorn. Consérvelos. A su debido tiempo, serán enterrados en las criptas que les corresponden. — me limpio el sudor de la frente con un pañuelo. Scheziss ha bajado lentamente desde las gradas y se ha colocado a mi espalda. No ha pronunciado palabra.
Sin más que hacer en esta polvorienta ciudad, doy una orden a mi comitiva para marcharnos hacia el hogar. La escena se cierra con un plano general del anfiteatro. Mientras la cámara va subiendo, se puede ver como los Forneustone, tan cobardes y ajenos como se han mostrado hasta ahora, se acercan tímidamente al grupo de la inquisidora. Alessia intenta hablar conmigo, pero estoy decidido. Primero quiero encontrar a mi hermano y recompensarle como se merece. Kaeduin comienza a brillar con fuerza sobre Reposo de Gaaladar.
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- 16 Dec 2019, 23:41
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- 07 Oct 2019, 20:58
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Re: [1x06] Capítulo sexto
Pego un golpetazo en la mesa que hace temblar toda la sala.Abelio Floricarpio wrote: 06 Oct 2019, 22:37 "Si no sabéis gobernaos a vos mismo, no podréis gobernar un castillo.
Tramudios 3, 25.
Brujas, demonios, luchas ducales, cadáveres... todo sólo en los días que vos estuvisteis al mando. Bravo... Gerad... Bravo!!
Culpadme a mi de vuestros errores. Adelante.
Mira mi cuerpo, ¿crees que algo me duele ya después de este martirio? El dolor me ha liberado, yo porto la verdad aunque duela.
Acaso he mentido alguna vez?? Acaso nuestro señor no quedo tullido pese a lo que hoy vemos? Acaso Leezar, discúlpame amigo , no volo por los aires el templo?
No es necesario seguir hiriendo vuestra moral.
A mi ya nada puede herirme"
— ¡ABELIO, CÁLLATE DE UNA MALDITA VEZ! — clavo mi mirada en la de mi pobre primo acongojado y herido por la tortura. Parezco un halcón a punto de devorar una presa. — ¡TIENES UNA ÚNICA MISIÓN EN ESTA COMUNIDAD Y ES ASEGURARTE DE QUE LA FÉ IMPERIAL SEA RESPETADA Y/O ADORADA! — vuelvo a pegar un manotazo en la mesa. Los vasos, platos y demás objetos que estén sobre ella repiquetean y algunos caen al suelo. Uno de mis sirvientes corre a recogerlo. — Así que se acabó. No se te ocurra volver a poner en duda las habilidades de uno de los miembros principales de la familia... ¡NO TE CORRESPONDE! Encárgate del puñetero demonio que está torturando las mentes de los más débiles. Tú que has logrado vencerle, ayuda, y deja la política para los que saben de ello.
Resoplo como un toro enfurecido.
— No se hará ninguna ermita ni se demolerá el Templo de Ylathia. Lo limpiaremos, se beatificarán a los que murieron en él y se volverá a dar misa. ¡Todos los días, sin excepción!
- 07 Oct 2019, 20:54
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Re: [1x06] Capítulo sexto
— ¿Un sustituto, Gerad? ¿De qué demonios estás hablando? — espeto con enfado. Scheziss se sobresalta al escuchar mi furia. — ¿Que estamos en decadencia? ¡Tú no has visto lo que era este lodazal hace décadas, insensato! Piedrahundida es una de las ciudades más prósperas del Imperio... ¡y se lo demostraremos a todos! ¡A los malditos Buelhorn, a los cobardes Forneustone...! — me acerco a mi hermano. Con mi mano restaurada le agarro de la pechera. — Y te lo demostraré a ti. — me giro y carraspeo. Scheziss me está mirando con los ojos como platos. Se ve... algo de turquesa en mis extremidades. No debería suceder. — Has hecho una gestión excelente. — me siento en el sofá que empleo para leer. Es un sofá de orejas comodísimo, repleto de pelo de cabraca esponjoso y mullido. — Lo que ha ocurrido, Gerad, no es culpa de ti ni de tus habilidades. Un líder tiene que saber a quién mandar a recoger los excrementos, no enfadarse con el burro porque los defeque. — me toco la sien con el dedo, que ya ha vuelto a la normalidad.Gerad wrote: 04 Oct 2019, 12:17 Miro de reojo a la mujer. No la conozco pero tampoco me importa demasiado.
- Me alegro de que hayas vuelto, y de que te hayas recuperado de tus heridas. Supongo que era necesario que te fueras, pero no fue en buen momento. Tenemos un problema bastante serio aquí. Desde que te fuiste, esto ha sido un caos, y el consejo que tenemos lo único que ha hecho es traer mas problemas. Empiezo a desconfiar de toda esa mesa.
Enumero todos los problemas vividos, las faltas de respeto, la traición de Abelio con todas sus consignas ante el pueblo contra los Orovecchio, las acciones sin permiso de Leezar que podrían haber supuesto la destrucción de Piedrahundida, la falta de competencia de Alim y sus espías, aparte de su falta de respeto cuando estaba al mando... Al final también llego a Enyra. Dejo claro que fue la única comprometida con la familia, pero su juventud le hizo perder los papeles en el templo, quizá aun sea demasiado joven para tanta responsabilidad.
- Todo esto sólo para dejar claro que no estoy a la altura del cargo que ostento. Estamos en decadencia. No tenemos descendientes. Si seguimos así Piedrahundida pasará a Drake si sigue vivo, y luego a mi. Y no pienso estar aquí para ver eso. Cuando vivamos una temporada de paz, buscaremos un sustituto para mi, y seguramente me marche a algún sitio donde no vea morir a mi familia.
— Ahora ve preparando el traslado de los Leone a Villa Musgosa. Según lo que me han contado los exploradores, Nidamore ha sufrido daños mínimos pero no quiero que Bianca y sus súbditos regresen a territorio de los Buelhorn. — aprieto el puño. — Cuando Drake cercene la cabeza a ese sinvergüenza de Josah, les invitaremos a volver a su hogar a cambio de que dejen a sus jóvenes aquí. Para cuidar el pantano. Porque el pantano nunca olvida. Y tú te quedarás en la Villa para asegurarte de que se adaptan bien. No hace falta que vengas a Reposo de Gaaladar, sé que nunca te ha gustado aquel patatal.
Continúo disfrutando de mi bebida. Lo paladeo, me sabe a gloria.
- 02 Oct 2019, 21:51
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Re: [1x06] Capítulo sexto
Después de la reunión, permito que Scheziss y Enyra hablen tranquilamente. Es algo que no voy a poder evitar, pero no es algo que me agrade. Cuando Gerad me pide hablar a solas, refunfuño, pues mi acompañante ya está regresando de su charla con la Generala.Gerad wrote: 30 Sep 2019, 12:45 Otra vez el consejo de mes. Al menos ha vuelto Fabrizio, quizá me dejen tranquilo de una vez aunque no lo creo. Escucho a mis compañeros hablar de todos los temas. Simplemente escucho hasta tener mi turno de palabra.
Cuando acabe el consejo me reuniré en privado con Fabrizio...
— Ven a mis aposentos, hermano. — contesto, no demasiado agradado.
Caminamos en silencio por los pasillos de la fortaleza. Por los ventanales del piso superior podemos ver el patio, aún con algunas manchas de las torturas que se han realizado sobre Abelio y su compañero Zur-Borath. ¿Qué clase de persona fue el inquisidor?
En la más absoluta tranquilidad de mi habitación, le revelo a Gerad lo siguiente.
— La investigación del culpable es algo que he mandado para tener entretenida a la guardia. Ya me he encargado de solicitar la presencia de un exorcista entre nuestros muros para que interrogue al espíritu del inquisidor Borney. — suspiro mientras me sirvo una copa de ron pantanoso. También ofrezco a mi hermano. — La propia muerte nos dará información del culpable. Ahora... cuéntame, Gerad. ¿Qué te aflige?
Scheziss permanece apartada, sentada en el tocador que pertenecía a Paulina, retocándose el cabello.

Lady Scheziss
- 24 Sep 2019, 14:15
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Re: [1x06] Capítulo sexto
Ah, la llegada al hogar, de vuelta entre las murallas de Piedrahundida. Me estiro y hago crujir mis articulaciones, lo necesito. La incipiente barriga que ostentaba ha bajado lo suficiente como para que pueda volver a verme el miembro mientras orino, y es lo primero que hago según llego a la fortaleza. Cuando todos se reúnen y me cuentan lo que ha pasado, monto en cólera. Scheziss me avisó de todo esto durante el viaje, pero la cosa ha empeorado bastante.
— ¡A partir de ahora vais a dejar de echaros las culpas los unos a los otros! — sentencio, golpeando la mesa fuertemente con mi mano reconstituída. — ¿Decís que un diablo os ha estado tentando a cometer atrocidades? ¡De cualquier otra persona me lo esperaría menos de ti, Abelio! — resoplo como un toro enfurecido. — Bien, esto no puede seguir así. Tenemos cuentas que saldar con los Buelhorn. — doy un largo trago al brebaje mágico preparado por Scheziss. La elegante sacerdotisa de aspecto sombrío se encuentra tras de mi, de pie y en silencio.
— Eres el mejor espadachín de todo el Imperio, no lo pongo en duda. Pero quiero saber que quieres hacerlo, no te veas obligado hermano Drake. — clavo mi mirada en Draconio. — Yo me encuentro en condiciones de enfrentarme a quien sea, sobretodo a ese baboso de Josah.
Sin importar la respuesta, debemos continuar el consejo. Las cuentas no están nada mal gracias a la donación de Leezar, pero aún necesitamos más.
— ¡Enyra! Eres la generala de esta Casa, pero no tienes por qué demostrarlo a cada paso que das. Recuerda que sirves a la Casa Orovecchio. — carraspeo durante un momento. Tartamudeo, pero Scheziss pone su mano en mi hombro y sé qué es lo que debo decir. — No vuelvas a cometer una imprudencia como la de revelar una masacre al vulgo. El pueblo tiene que saber que Piedrahundida es un lugar seguro.
Los demás me observan asombrados. Están sorprendidos, es normal, me ven repleto de vitalidad y seguridad. Me coloco en el asiento, me parece incómodo.
— Tenemos varios frentes abiertos que voy a enumerar. Necesito que los seis trabajéis conmigo para solucionar estos incidentes que afectan a nuestra familia. De ahí sacaremos las acciones que vamos a tomar este mes. Por supuesto, yo continuo considerando a Abelio un miembro de este Consejo a pesar de sus recientes... meteduras de pata. Pero espero que no lo vuelva a hacer, por la cuenta que le trae.
— ¡A partir de ahora vais a dejar de echaros las culpas los unos a los otros! — sentencio, golpeando la mesa fuertemente con mi mano reconstituída. — ¿Decís que un diablo os ha estado tentando a cometer atrocidades? ¡De cualquier otra persona me lo esperaría menos de ti, Abelio! — resoplo como un toro enfurecido. — Bien, esto no puede seguir así. Tenemos cuentas que saldar con los Buelhorn. — doy un largo trago al brebaje mágico preparado por Scheziss. La elegante sacerdotisa de aspecto sombrío se encuentra tras de mi, de pie y en silencio.
— Eres el mejor espadachín de todo el Imperio, no lo pongo en duda. Pero quiero saber que quieres hacerlo, no te veas obligado hermano Drake. — clavo mi mirada en Draconio. — Yo me encuentro en condiciones de enfrentarme a quien sea, sobretodo a ese baboso de Josah.
Sin importar la respuesta, debemos continuar el consejo. Las cuentas no están nada mal gracias a la donación de Leezar, pero aún necesitamos más.
— ¡Enyra! Eres la generala de esta Casa, pero no tienes por qué demostrarlo a cada paso que das. Recuerda que sirves a la Casa Orovecchio. — carraspeo durante un momento. Tartamudeo, pero Scheziss pone su mano en mi hombro y sé qué es lo que debo decir. — No vuelvas a cometer una imprudencia como la de revelar una masacre al vulgo. El pueblo tiene que saber que Piedrahundida es un lugar seguro.
Los demás me observan asombrados. Están sorprendidos, es normal, me ven repleto de vitalidad y seguridad. Me coloco en el asiento, me parece incómodo.
— Tenemos varios frentes abiertos que voy a enumerar. Necesito que los seis trabajéis conmigo para solucionar estos incidentes que afectan a nuestra familia. De ahí sacaremos las acciones que vamos a tomar este mes. Por supuesto, yo continuo considerando a Abelio un miembro de este Consejo a pesar de sus recientes... meteduras de pata. Pero espero que no lo vuelva a hacer, por la cuenta que le trae.
- Preparaciones del Duelo contra los Buelhorn. Podemos aprovecharnos del tirón y de las apuestas ilegales. Creo que Alim puede tener bastante filón aquí.
- Investigación del asesinato del inquisidor Borney. Lo que ha sucedido entre nuestros muros es infame y herético. Si lo que suponemos es cierto, ese tal Mogg-Shattoth puede ser el responsable, hay que buscar acólitos, cultos secretos y demás miserables que hayan podido surgir a partir de la masacre. Enyra, ahora que eres la heroína de Piedrahundida, te asignaré un nuevo escudero que me ha acompañado desde el Santuario de los Pantanos y te pondrás a ello cuanto antes.
- Reubicación de los nidamoreses. Después de la Batalla por Villa Musgosa, varios hogares han quedado vacíos allí. Y libres de la influencia de Gustaffon, esas tierras deben ser repobladas de nuevo. Gerad, encárgate de esto.
- Extinción de Mogg-Shattoth. Quiero a ese ser lejos de aquí, si hace falta destruirlo, lo haremos. Pero para ello tenéis que colaborar entre vosotros, Abelio y Leezar. Tenéis a vuestra disposición los conocimientos de Scheziss para que, entre los tres, encontréis un método para erradicarlo. No perdáis el tiempo.