[1x06] Capítulo sexto «Reposo de Gaaladar»

Cuando los protagonistas de Ylat completen una Sesión, aparecerá aquí a la vista de todo el público.
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Leezar Lockbruck

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Leezar Lockbruck » 05 Nov 2019, 22:29

*Cuando nos materializamos junto a a cabaña en el claro, un par de hombres lagarto rodean la construcción ahora en llamas. Las llamas iluminan la vegetación circundante, formando sombras danzarinas a nuestro alrededor*

- Rendiros, *digo con la esperanza de que me entiendan. Una muestra de consideración excesiva por unas criaturas que seguramente no comprendan lo que digo. Extiendo mis brazos hacia adelante y mis manos comienzan a iluminarse con un fulgor ígneo, acorde con la escena en la que nos encontramos* no os lo volveremos a repetir...

*Miro de soslayo a Enyra, quien puede ver que a una orden suya desataré mi poder arcano*

*Uno de los lagartos hace una señal al otro y cargan furibundos hacia una muerte segura y estúpida*
Hasta la persona mas pequeña puede cambiar el curso del futuro.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Enyra Petreius » 07 Nov 2019, 12:51

Un fogonazo de luz y de repente la negrura. Me cuesta unos segundos ubicarme pero reconozco la zona y la choza, que creía abandonada y en desuso. Para mi sorpresa está en llamas. No sabía qué me iba a encontrar en cuanto llegásemos pero esto me sorprende. Hay un par de hombres lagarto merodeando la zona, buscando algo, que se giran hacia nosotros pocos segundos después.
Leezar Lockbruck escribió:
05 Nov 2019, 22:29
- Rendiros, *digo con la esperanza de que me entiendan. Una muestra de consideración excesiva por unas criaturas que seguramente no comprendan lo que digo. Extiendo mis brazos hacia adelante y mis manos comienzan a iluminarse con un fulgor ígneo, acorde con la escena en la que nos encontramos* no os lo volveremos a repetir...
El mago está ansioso por entrar en batalla y es algo que me agrada, por fin veo que hay sed de sangre en sus venas. Me hubiese gustado degollar a los dos pero no puedo cortar sus alas belicistas. Le hago una señal para que los ataque. Leezar me sonríe maliciosamente cuando un halo de luz ilumina sus manos, un escalofrío nos eriza la piel y de la punta de sus dedos sale un rayo que impacta en el pecho del lagarto dejándolo sin vida en ese mismo momento. Cargo contra el otro lagarto sin pensarlo dos veces. El primer golpe, el más fuerte, hace que su escudo se rompa por la mitad. Él es rápido y me hiere, superficialmente, en la pierna. Me sorprende sus tácticas, parecen algo más elaboradas que la última vez que combatí contra ellos, pero nada me impide hacerle un corte en la espalda que le hace caer al suelo sin remedio. Entre espasmos me acerco a él y le susurro:

Has hecho mal tus cálculos, Mogg-Shattoth.

Y le rebano el cuello sin miramientos. El hombre lagarto muere ahogado en su propia sangre. Miro la choza. Hemos llegado tarde, pero no hemos tardado ni la mitad de tiempo de lo que hubiésemos tardado viniendo a caballo. Corro hacia ella en un banal intento de encontrar supervivientes.

¡Abelio! ¡Alim! ¿Me oís? ¿Dónde estáis?

Las llamas ya son imposibles de controlar. Una vez cerca una brisa me trae el olor a madera quemada, pero no el típico olor a carne derretida. Quizá haya esperanza...

¡Mi señora! *uno de mis hombres viene corriendo hacia donde estoy* Hay un acceso inferior, con suerte han logrado huir...

Cuanta fe tienes en Ylathia...

¡Aquí hay un rastro!

Grita el otro soldado. Todos vamos corriendo alertados.

En efecto. Es un grupo grande y el rastro aún es reciente. *Miro a Leezar* No van directas hacia Piedrahundida, ¿quizá un atajo? Imposible ¿Ataquen por otro lado? Es posible. *Me dirijo hacia los soldados* Controlad el perímetro e investigad ese acceso que decís, del que me gustaría saber por qué sabéis de su existencia. Volved a la fortaleza a través de la espesura y evitad todo enfrentamiento del que sepáis que no seréis capaces de ganar. *Miro de nuevo a Leezar* Sigamos las huellas a ver hasta dónde nos llevan y en caso de peligro usamos el teletransporte, ¿qué opináis?


Off Topic
Editado. Dejo al jugador de Abelio si quiere ser rescatado por los soldados, que son buenos rastreadores y hábiles con la espada, o huir hacia Piedrahundida.
Última edición por Enyra Petreius el 07 Nov 2019, 19:17, editado 1 vez en total.
La muerte nos sonríe a todos, así que devolvámosle la sonrisa.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Drake » 07 Nov 2019, 14:21

Viaje al Reposo.
El viaje en carruaje con mi hermano Fabrizio y con Scheziss, ocupando el lugar de la aparentemente ya olvidada Paulina, es bastante incomodo. Ellos juntos sentados frente a mi y yo de espaldas a la marcha. Paso gran parte del viaje pensando en que decir para entablar una conversación, pero al final no termino de decir nada. Al final digo un pensamiento en voz alta.

— ¿Te has dado cuenta de que es la primera vez que ninguno de los tres esta en Piedrahundida?
Gerad debería estar ahí, pero como siempre tu incompetencia lo dejo solo al mando y la presión ha podido con él, se recuperara.
— ¿Mi incompetencia dices?
— ¡Sí!
—Esputa Fabrizio sobresaltando a SchezissTu maldita falta de compromiso lo dejo solo ante esas crisis y todo se le fue de las manos.
— ¿Lo dices enserio?
—Mi cara es un poema, ¿en serio piensa eso de mi?
Una secta demoníaca en plena ciudad ¿Y tu donde andabas?
— ¿Donde andaba dices...? Dándome un baño en un balneario, para tener las bolas bien relucientes.
—Digo con sorna mientras mi mano hace gestos delante de mis partes.
¡Una explosión en plena ciudad!Fabrizio enfurece por momentos.
¡Una explosión la cual me nege en rotundo a que se produjese y se realizo sin el consentimiento del consejo!
— ¡Y una matanza, el impío asesinato de los inquisidores ante nuestros propios ojos! ¡Es intolerable!
—Estalla ferozmente Fabrizio perdiendo los papeles haciendo que me quede mudo y dejando entrever un tenue brillo turquesa que recorrer las venas de su hinchado cuello. Scheziss lo agarra del brazo y Fabrizio se calma. Después, paso un largo tiempo en silencio mirando al suelo y apretando el puño.
...Al menos organice una digna despedida a esos hombres y oí en persona todas las inquietudes del pueblo. Al menos...—Digo mientras me levanto abriendo la puerta saliendo del carruaje— ...yo estaba ahí, con ellos.

El resto del viaje lo hago a caballo. Hace frió, pero es mejor eso que aguantar el careto de Fabrizio. Me sorprendo cuando la guardia descubre a Uragana. Dice que lo ha hecho por estar con Alim, pero para mi suerte Alim no ha podido venir. Bajo la influencia de Mogg-Shattoth, Alim nos podría haber causado más de un problema en Reposo de Gaaladar. Esta mejor donde esta. Aun que quizás Uragana no venga por Alim, quizás se ha cansado de estar en Piedrahundida y solo busque reunirse con sus hermanos.

— ¿Qué haremos con ella?
— Tratarla como hasta ahora, como a una invitada.
— ¿Pero no nos dará problemas con los Buelhorn?
— Me traen sin cuidado los Buelhorn, tu preocúpate de Josah y olvídate del resto. Cuanto antes acabe esto, antes volveré a casa.


En la panza reluciente de Mushuki
Jiggalen Pamphilos nos recibe al llegar a Reposo de Gaaladar. Anda preocupado por las cosas que ha oído de Abelio pero niego las habladurías y lo tranquilizo diciendo que Abelio se encuentra mejor que nunca, ya se volverán a ver ¿Quizás en mi boda, o en la suya? podrán volver ha verse y celebrarlo.

Que Neurustho Forneustone nos aloje en una posada y no nos abra las puertas de su casa demuestra lo que ya sabíamos, que sigue sin tenernos en estima. Me pregunto donde habrá alojado a los Buelhorn.

La panza del tal Mushuki es un sitio agradable, poco ostentoso. Mejor, los lujos y florituras no van mucho conmigo. Desde mi llegada, procuro estar a solas, como vengo haciendo desde hace días, no bebo ni como nada que yo mismo no haya preparado. Quizás me este excediendo de precavido, pero con lo rastreros que son los Buelhorn no puedo fiarme. Los Buelhorn... Los Buelhorn... No podre estar tranquilo hasta que no lo averigüe ¿Qué demonios hace aquí?

Lisandra abre la puerta de la habitación y me deja pasar, su cara demuestra un gran alivio al poder alejarse por unos minutos de la insoportable Uragana, la dejo que se marche a descansar por un rato, cierra la puerta al salir y nos deja solos en la habitación.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Leezar Lockbruck » 09 Nov 2019, 00:47

*El desatar mi poder arcano de forma violenta me hace recordar la batalla por Villa Musgosa. No me regodeo de tal uso de fuerza mágica, simplemente cumplo para con mis aliados. Nunca me gustaron los combates y la violencia, fuese por efecto de la espada o de la "brujería"*

*Observo el revuelo de los soldados que nos acompañan y las órdenes que imparte Enyra. Asiento cuando comenta su plan y me mantengo en silencio, viendo cómo el fuego termina por hacer colapsar la débil construcción humana*

- Nos marcharemos cuando el sacerdote sea encontrado, vivo o muerto *mascullo* si está vivo, al menos uno de tus hombres deberá volver andando, pues solo puedo teleportar a tres personas aparte de mi *digo a la general* si la intuición no me falla, si esos lagartos quieren asaltar Piedrahundida y no van de frente, estoy seguro de que usarán alguna de las cuevas que dan acceso a la ciudad desde los marjales, como el que empleó la Piadosa para intentar escapar *miro a los ojos de Enyra* no debemos perder el tiempo...
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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Drake » 10 Nov 2019, 23:03

Conversaciones de alcoba.
Cierro la puerta y me giro lentamente, es una amplia habitación, modesta pero con todo lo necesario. Al fondo esta Uragana Buelhorn, sentada frente al espejo del tocador cepillándose su rojo pelo. No se inmuta ante mi presencia o el hecho de que ahora estemos solos.

Me preguntaba cuando tardarías en venir a visitarme, Sir Drake Orovecchio. —Me dice con total indiferencia, ¿Me estaba esperando?
Oh, venga... no te hagas el tonto. He visto como me miras con ese ojo tuyo. —Ya no se peina y me mira.
Disculpe mi señora, pero creo que hay un malentendido.
— ¿Malentendido? Ya veo... ¿Dime, entonces a que viene esta visita nocturna suya?
— Me preguntaba que hará usted a partir de mañana después del duelo. Esta situación entre nuestras familias es... complicada. Y fácilmente se puede mal interpretar,
—Teniendo con nosotros a Uragana y los Buelhorn a Paulina, cualquiera no muy avispado podría entender que se tratan de rehenes— es por eso que me gustaría conocer sus deseos.
Uragana se levanta y camina por la habitación, el fino vestido que utiliza para dormir la sigue.
— Dígame Sir Drake, ¿Acaso sabe usted que hago aquí?
— Me temo que desconozco el motivo.
—He tenido mis sospechas, pero la verdad que no he podido confirmar ninguna... por ahora.
Lo desconoce usted y todo el mundo. —Dice mientras sirve dos copas de vino— Usted y todo el mundo...
— Lo siento, no bebo antes de combatir, pero gracias.
— Oh Sir Drake, es usted muy aburrido, le tomaba por alguien más divertido. En fin, como decía, a nadie le importa donde este. Aun que he de reconocer que usted es el primero en preocuparse por lo que quiero, se lo agradezco.
—Después brinda con el aire y da un largo trago a su vaso.
Simplemente tenia curiosidad sabe, en Alto Viento se habla mucho de vosotros, los Orovecchio, —Dice lentamente moviendo el vaso formando un arco al pronunciar Orovecchio a mi hermano se le llena la boca con vosotros a todas horas, todos los días igual. Y que vamos a decir de Paulina , siempre la maldita Paulina. Esta obsesionado con ella. Pero no... —Se nota su frustración, ya no queda vino en su vaso y hace uso del otro— De mi no dicen nada, nunca ¿Para qué? Es por eso que fui a Piedrahundida, quería ver de primera mano todas esas geniales cosas que había conseguido Paulina, esas cosas que vosotros teníais y nosotros no. Cuanto me reí al ver que sois igual de miserables que nosotros.
— Lo siento mucho Uragana, se lo que es que los tuyos no te aprecien. De verdad.

Uragana se calma por un momento y se acerca hacia mi con un brillo de la mirada.
— ¿Vencerás, verdad? Vencerás y mataras a hermano. Es la única manera de que esto acabe, de que desaparezca su obsesión y volvamos a ser una familia.
— Sera lo que tenga que ser, no puedo prometer nada.
— Hazlo por mi Sir Drake, prométeme que mataras a mi hermano. júramelo.
—La chiquilla se esta alterando por momentos y en un descuido se acerca demasiado a mi— Puedo pagarte, compensarte, puedo... —Una de sus manos busca mi entrepierna por encima del pantalón y antes de poder reaccionar con su cabeza pegada en mi pecho dice con voz suave y enrojecida por el alcohol— Puedo hacer lo que quieras...
La chica no puede evitar que mis manos la sujeten por las muñecas, forcejea como puede pero es inútil, no tiene suficiente fuerza. Una vez la aparto de mi, insiste. Da un trago largo al vino que quedaba en el segundo vaso, dándome la espalda con el codo bien levantado dejando ver su figura a través de su fino vestido. Un movimiento y ya no lo tiene.
Necesitas relajarte antes del duelo, necesitas estar bien para poder matar a mi hermano. No hay nada de malo, no soy virgen. Nadie se enterara.
Me acerco hasta ella y ella retrocede hacia la cama, posándose en ella y abriendo las piernas con una picara mirada.
Sabia que no podías ser tan aburrido Sir Drake.
Cojo la jarra de vino me doy la vuelta y me dirijo hacia la puerta. Al salir al pasillo oigo como Uragana me grita improperios y rompe algo en la habitación. La pobre Lisandra tendrá una noche complicada.

El esperado momento.
El aire de la mañana es frió, es bueno, me aclara la mente. He podido dormir relativamente bien, ya no me resulta difícil conciliar el sueño en cualquier lugar o situación, si hay que dormir, se duerme, es algo que se aprende tras una campaña contra el Reino de Shadaleen. Supongo que la ausencia de Alim haya tenido su merma en sus planes, no veo a mucha gente que digamos vestir el amarillo salvo a varios de nuestros guardias. En fin, no es algo que me preocupe en especial, pero es una treta de la cual no me pienso aprovechar.
Desde que llegamos anoche a La panza del tal Mushuki no he visto a mi hermano. Lo veo al subirse al palco, junto a su nueva amiga acuática. Lo saludo con la cabeza pero no parece prestarme mucha atención, anda buscando algo o alguien entre la multitud. El gran Lord Fabritzio Orovecchio, siempre apoyando a los suyos. No puedo evitar sonreír cuando el fanfarrón de Josah Buelhorn casi lo saca de sus casillas con bravuconada.

El combate va empezar. Tyagha Lorend se ha levantado y manda callar a la gente, hace un jesto a uno de sus hombres y empieza a pregonar protocolariamente los nombres de nuestros de ancestros, nuestras casas y nuestras hazañas. Toda una presentación que no parece importar mucho a la nobleza.
Has sido un necio al presentarte tu y no tu hermano al duelo.
— Mejor yo que tus hombres y los nos nuestros por tu estúpido brote de ira.
—Hablamos mientras el hombre de la tribuna sigue con su discurso.
Te cortare algo más que la mano.
— Veo que eres muy humilde Lord Josah Buelhorn.
— Y veo tu eres el mismo listillo de siempre Draconio,
—Dice pronunciando mi nombre real con retintin— salvo por el ojo ese que te falta. Te alegrara saber que después de arrancarte tu tuerta cabeza y enseñársela al palurdo de tu hermano ire a visitar a tu amada Bianca, —El hombre de la tribuna ya ha dejado de hablar y Tyagha Lorend se levanta de nuevo para dar comienzo al duelo— sera un placer dejar que mis perros la violen y la desojen viva. —Se apresura a decir Josah justo antes del comiendo del duelo.

El silencio llena el anfiteatro y comenzamos a dar nuestros primeros pasos. La tribuna presidencial ostenta las mejores vistas centrales.

Las dimensiones son mucho mayores y son varias los palcos para las distintas casas y el vulgo del fondo tiene muchas más gradas para poder disfrutar del espectáculo.

En ese mismo momento lo veo frente a mi, al fondo de la grada, justo arriba del todo. Miro a mi izquierda y miro a mi hermano Fabrizio. Él no puede ver lo que yo veo, el techo de su palco se lo impide. Ahí esta, Paulina, mirándome, quieta, aterrada. A su lado, Demetrius Buelhorn justo detrás, agarrando la guarda de su daga.

Consigo bloquear casi por inercia el primer golpe que Josah me propina haciéndome reaccionar.

¿He visto lo que he visto, Paulina esta embarazada?

El esperado duelo, ha comenzado.
Última edición por Drake el 01 Dic 2019, 10:52, editado 2 veces en total.

Abelio Floricarpio

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Abelio Floricarpio » 15 Nov 2019, 05:34

Avanzó por el pantano, arrastrando musgo y turba, enredandome con algunas raíces de vez en cuando.
A veces trago agua, sabe a mierda, muerdo tierra tras tratarla o escupirla.
Los mosquitos me revolotean.
Ya algo lejos, oigo el asqueroso grito de los lagartos, gorjean, ojalá sea que están muriendo. ¿habrá llegado Leezar gracias a la anfitera?

Veo humo, una débil luz que titila. ¿se quema la cabaña? ¿seguirá Alim dentro?

Llegó a una orilla del Marjal, llena de raíces aéreas.
Me recuesto camuflado entre las mismas, cubierto de barro. Reposo. Tras un rato jadeando, respirando hondo, veo por la orilla un pequeño grupo de saurios huyendo de soldados de Piedra Hundida. Les ajustician. Levanto la vara y llamo su atención solicitando un rescate

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Leezar Lockbruck » 15 Nov 2019, 12:34

*Mientras los hombres de Enyra hacen su función, observo cómo Abelio aparece entre los árboles y suspiro aliviado*

- ¿Qué ha pasado?¿Estás bien? *me aproximo al vapuleado sacerdote y la ofrezco ayuda para aproximarnos al resto del grupo*

*Una vez reunidos espero que Abelio cuente lo sucedido. Tras hacerlo, miro a Enyra*

- Debemos volver a Piedrahundida *miro al grupo* pero no podré llevar a todos con mi teleportación *suspiro* esos lagartos... hace tiempo que debimos volver a sus ruinas y poner fin a estas hostilidades... *me toco la barba* sin embargo, bien es cierto que no hemos tenido tiempo ni para un respiro...

*Me callo y espero las órdenes pertinentes*
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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Starkvind » 17 Nov 2019, 00:32

Aclaraciones sobre tiempos y huídas

Debido a que se me ha pedido varias veces que intervenga para aclarar «horarios» respecto a la polémica escena de la cabaña, darle un toque de lógica a la narración y descartar los teletransportes repentinos —y convenientes— de Leezar, vamos a asumir lo siguiente. Entiendo que a algunos no estéis de acuerdo con esto, pero creo que es lo que hace falta en esta narración.
  1. Después de pasar unos días a merced de sus captores y las cantigas de Abelio, ciertos seres movidos por la influencia demoníaca de Mogg'Shattoth se arremolinan alrededor de la cabaña de los contrabandistas. Esta presencia incomoda a los hombres de Boron, que en seguida siguen las instrucciones de Leezar y liberan a la anfíptera. Os recuerdo que el lugar se encuentra a unas seis horas de viaje —una jornada— de Piedrahundida.
  2. Los saurios intentan derribar la puerta y, cuando lo hacen, se encuentran con los contrabandistas, que les plantan cara. Están acostumbrados a que estos estúpidos reptilianos intenten atacarles y robarles. Abelio se hace eco de la trifulca y sube a ver qué ocurre.
  3. Alim se inquieta. Escucha La Voz y sus promesas. Quiere cumplir sus deseos, pero está muy bien atado. SIn embargo, Richerento se ha colado tras un boquete que los saurios han hecho en el exterior. En un principio no encontraba nada, pero la sabiduría pérfida que La Voz le ha dado le permite encontrar la entrada secreta. Incluso antes de que Abelio intente salir.
  4. El combate se recrudece por la presencia de los seres infectos. La serpiente voladora viaja todo lo rápido que puede hasta la torre de Leezar, pero cuando llegue quizás es demasiado tarde. Los hombres de Boron son fuertes y resistentes, pero el continúo asedio de repugnantes hombres lagarto es insoportable.
  5. Cuando parece que ya han derrotado a la última bestia, el silencio se hace latente alrededor de la cabaña. Abelio y los dos rudos combatientes comienzan a sacar cadáveres de saurios hacia el exterior. Sin embargo, el antiguo monaguillo de Ylathia ya ha llegado a la celda de Alim, y se encuentra susurrándole palabras de tentación.
  6. Un par de horas después, la anfíptera llega a Piedrahundida y es cuando Leezar se dirige a hablar con Enyra. Ahí es cuando se preparan para ir hasta la cabaña. Sin embargo, no se teletransportan, si no que viajan a trote en caballo. Forzar la marcha agotará a sus monturas, pero podrán llegar en la mitad de tiempo. Enyra se encarga de dirigir a los corceles por caminos que, para el enano y sus subordinados, parecen imposibles. No obstante, Leezar se ve obligado a usar un teletransporte de emergencia cuando una enorme sima —que antes no parecía estar— ha dividido lo que parecía una llanura.
  7. Cuando Abelio regresa, ocurre lo descrito aquí. Richerento da la orden y muchos más hombres lagarto asolan la cabaña, aprovechando el momento de debilidad de los mercenarios. Aquí ya Alim empieza a darse cuenta de lo que está pasando. Los secuaces de Boron no pueden plantar cara a tales criaturas y mueren luchando en combate. Abelio intenta escapar a través del pasadizo secreto de los contrabandistas.
  8. Ya ha pasado un tiempo considerable desde el segundo ataque y llega la avanzadilla de Leezar y Enyra. Encuentran la cabaña ardiendo y varios hombres lagarto que estaban dándose un festín con los hombres de Boron. Estos son neutralizados, como se ha descrito, y logran rescatar a Abelio, que emerge del pantano empapado, dolorido y con una muy mala sensación. De Alim no se sabe nada...
Descrito así todo adquiere coherencia y se da un sentido a lo que ha pasado.
 ! Mensaje de: Starkvind
Leezar, si bien queda espectacular, que tu personaje se teletransporte a placer por todo el reino le resta cohesión a lo narrado. No obstante, no veo mal que uses el teletransporte para cubrir distancias cortas, pero para lo que has narrado necesitas dos puertas arcanas, elemento que vale bastante dinero y tus dominios no poseen. Espero que lo entiendas.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Starkvind » 17 Nov 2019, 00:38

Lo que ocurre con Alim

Mogg'Shattoth es un ser impaciente. Los demonios son conocidos por aguardar siglos a que sus planes florezcan, pero algo ocurre con este individuo. Necesita que sus órdenes se cumplan ya y lo que ha ocurrido con Alim ha sido una piedra más en su camino. Por eso se ha arriesgado hasta el punto de revelar a uno de sus agentes en Piedrahundida. Sin embargo, el joven Richerento no se encuentra nada bien. Alucina mientras recorre los marjales acompañado del hijo adoptivo de Fabrizio y dos corpulentos saurios. Abelio le dio un lugar dónde guarecerse de la lluvia y, aunque era escasa e insípida, comida todos los días. Abelio fue un referente para el joven Richerento, un huérfano más de los que corretean por los sórdidos callejones de Piedrahundida.

Pero la oferta de Mogg-Shattoth fue mucho más deliciosa. Gracias al demonio de la piel, Richerento pudo disfrutar de los placeres de la carne. Las jovencitas que tanto ansiaba cuando asistía en las misas se abrieron ante su presencia atrayente e hipnótica. Las feligresas, insatisfechas ante los interminables sermones de Monseñor Floricarpio, preferían entrar en la sacristía y poner a prueba al inocente monaguillo bien dotado. Todo esto no hubiese sido posible por el empujón de su señor, Mogg-Shattoth, que se apareció en sueños después de la Batalla por VIlla Musgosa.

Las verrugas y las erupciones fueron el comienzo del final. Recordó las palabras del extraño emisario de Ylathia que amenazó al clérigo con extender una plaga. Y se hizo oídos sordos. El demonio de la piel ya le había advertido de que le quedaba poco tiempo: la Fiebre Púrpura era una enfermedad silenciosa, paciente, pero cuando llegaba el momento de su florecimiento, no se podía hacer nada. Su lengua parecía una salchicha hinchada con pus, sus párpados pulsaban como venas abotargadas de sangre infectada y le costaba respirar. Sus órganos internos estaban duplicando su tamaño a un ritmo sobrenatural.

— Señor... señor... os he liberado... — se atraganta consigo mismo, no puede respirar bien. — ¡he liberado al heraldo de mi maestro! — tose, intenta tragar saliva pero su enorme lengua se atasca en la garganta. Tras vomitar lo que parece bilis púrpura, espeta lo siguiente ante el confundido Alim. — ¡El Conde de las Mil Torturas se alzará de su prisión y dev...!

Antes de que pueda finalizar su bravata, Richerento se queda sin aire definitivamente. Su cuerpo se queda erguido, paralizado en un rictus de agonía, hasta que se desploma por su propio peso. No obstante, su pecho continúa inflándose hasta que revienta por la presión de sus fluídos corporales y bañándolo todo con sangre, vísceras y una sustancia púrpura pegajosa, como la mermelada.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Alim de Mostaganem » 17 Nov 2019, 15:34

Llevo lo que parecen horas caminando por esta zona tan asquerosa de los pantanos. Podríamos haber avanzado mucho más deprisa, pero Richerento parece estar en las últimas, y apenas se tiene en pie. Los dos hombres lagartos que nos siguen (¿nos escoltan, nos vigilan, o nos llevan prisioneros?) no saben muy bien qué hacer con él.

Finalmente, con unos pocos espasmos y unas palabras delirantes más, se queda todo rígido y cae al suelo. Está muerto. Un momento, ¿lo está? Me acerco a ver si respira. Estoy intentando escuchar su corazón cuando literalmente revienta, bañándome en todo tipo de fluidos, incluyendo una especie de asqueroso jugo púrpura.

Vomito.

Vomito un buen rato. Cada vez que parece que estoy recuperándome, vuelven las arcadas.

Cuando por fin parece que mi cuerpo se rinde, porque no tengo nada más que vomitar, me limpio como puedo, cuanto puedo. Busco un arroyo (no me cuesta mucho encontrarlo, por suerte), y me baño en el agua helada. Me quito toda la porquería púrpura de encima... salvo una mancha en el interior de mi antebrazo, que no se quita. No sé si es porquería, o tal vez un moretón de estos últimos días. Rezo para que sea eso.

Oigo La Voz, incitante. ¿Se cree que no he tenido ya bastante?

Ordeno a los lagartos, con la voz más imperativa que puedo, que reúnan leña para quemar el cuerpo de Richerento. No quiero dejarlo aquí, a las bestias (que no tienen culpa de nada). Se miran durante una fracción de segundo, y comienzan a traer leña. No les dejo parar hasta que han juntado una montaña más alta que yo. Les ordeno que pongan el cadáver de Richerento encima, y le prendemos fuego. La leña está seca, y al prenderla por abajo, arde con rapidez, haciendo una hoguera realmente impresionante. tenemos que apartarnos, por el tremendo calor. Bueno, al menos yo. A los lagartos parece gustarles.
Imagen

Miro absorto al fuego, mientras cavilo si será cierto que la enfermedad púrpura ha sido creada por Leezar. Acabo preguntándome si Piedrahundida tendrá salvación. Pero el enano va a tener que responder, si eso es cierto. Parecía de fiar, pero eso era antes de que me encadenase y llevase preso a esa cabaña infecta, con ayuda de Abelio y Draconio (espero que gane el duelo, pero espero que al menos se lleve unos cuantos tajos en el empeño, pedazo de cabrón; con un poco de suerte, perderá el otro ojo).

Por otra parte, necesito a Leezar para mi plan. Lo cual es un problema serio, si no puedo contar con él. En fin, siempre me queda el plan B...
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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Starkvind » 17 Nov 2019, 22:46

Drake escribió:
10 Nov 2019, 23:03
En ese mismo momento lo veo frente a mi, al fondo de la grada, justo arriba del todo. Miro a mi izquierda y miro a mi hermano Fabrizio. Él no puede ver lo que yo veo, el techo de su palco se lo impide. Ahí esta, Paulina, mirándome, quieta, aterrada. A su lado, Demetrius Buelhorn justo detrás, agarrando la guarda de su daga.

Consigo bloquear casi por inercia el primer golpe que Josah me propina haciéndome reaccionar.

¿He visto lo que he visto, Paulina esta embarazada?

El esperado duelo, ha comenzado.
La partesana «Sol negro» choca contra la espada de Drake, desestabilizándolo durante un instante. Josah carga como un toro encabritado, haciendo largos movimientos con su arma y atosigando a su rival. En las gradas, Fabrizio respira de forma acelerada. Ni siquiera el tacto de su sacerdotisa, Scheziss, es capaz de tranquilizar al líder de los Orovecchio.

No han asistido demasiados nobles a la trifulca campestre entre los Buelhorn y los Orovecchio. En el pasado, en lo más álgido de su relación, un buen combate hubiese atraído hasta a los Gifusteris de los Arrozales, la región más alejada del Imperio. Pero ahora ahí se encontraba su hermano Drake, peleando en combate singular contra el que fue su mejor amigo...

Antaño, poco después del nacimiento de Uragana, Fabrizio y Josah se encontraban recorriendo los Humedales infectos en busca de Tetong-do, un cacique saurio que había estado atacando de forma frecuente el cruce sur entre los Pantanos e Idum Dael. La vejez empezaba a notarse en el cuerpo del mayor de los Orovecchio, pero era capaz de mantener el ritmo a lomos de su dragodrilo al musculoso corcel de Josah.

Cuando rodearon al repugnante saurio en el exterior de su guarida, Josah notó algo extraño. Allí se encontraba desplegado un pendón con el emblema de los Orovecchio y su compañero actuaba como si le fuese en el alma el darle muerte a Tetong-do. La criatura no presentó mayor desafío a dos caballeros del Imperio de Malasthar, pero Fabrizio no tuvo piedad. Antes de que Josah pudiese interrogar al saurio sobre los motivos que le llevaban a asaltar de forma tan preparada las caravanas, Fabrizio atravesó el corazón del monstruo con su guja «Lamento del arroyo».

— Ya está, amigo. — pronunció solemnemente Fabrizio, tras apuñalar varias veces más al saurio. — Por fin dejarán de atacar a nuestros convoys. — se giró hacia Josah con una sonrisa en el rostro, pletórico. A su espalda se encontraba el templo derruido que Tetong-do utilizaba de guarida. El blasón de los Orovecchio, rasgado, ondeaba con la leve brisa que atravesaba los pantanos.

— Pero... ¡lo has matado! — espetó Josah. — ¡Ahora no sabremos a quién servía!

— Eso ya no importa, amigo mío. — Fabrizio señaló con la guja al cadáver del saurio. — Nuestras ciudades están a salvo.

Era imposible razonar con Fabrizio. Josah lo dejó pasar pero aceptó quedarse con todos los tesoros que los hombres lagarto habían acumulado e hizo suya a Sol negro, una partesana hecha de hierro negro procedente del Antiguo Reino de Gylran. Desconocía como los saurios se habían hecho con una reliquia demoníaca, pero entrenó con ella hasta hacerla parte de sí mismo. Y ahora la estaba usando para matar —o intentarlo— al hermano de su mejor amigo.

Sol negro volvió a temblar tras chocar con el arma de Drake.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Enyra Petreius » 21 Nov 2019, 14:03

No sé si respiro de alivio al ver a Abelio o simplemente noto cómo un gran peso desaparece. Un problema menos.

¿Os encontráis bien? ¿Dónde está Alim? ¿Qué ha pasado?

En lo que me conteste Abelio:

Deben volver a Piedrahundida *señalo a Abelio y Leezar*. Si hay que buscar a Alim hay que ser rápidos y no perder más tiempo. Maurizio y yo seguiremos el rastro. Entendedme, somos muchos y no todos estamos preparados para rastrear sin retrasar al resto. Leezar, Carlo cabalgará con Abelio en su caballo y os escoltará hasta la fortaleza. Y recordad, no os metáis en líos de los cuales sabéis que no podréis salir, ¿entendido? Volved por el mismo camino por el que hemos venido. Es rápido, directo y seguro.

Separo los caballos para hacer los dos grupos. Espero por si Leezar y/o Abelio tienen algo que decirme, sino iré tras el rastro de los hombres lagarto con la esperanza de encontrarme con Alim, vivo o muerto.
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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Leezar Lockbruck » 21 Nov 2019, 18:46

*Miro a Enyra y alzo una ceja*

- Si bien es cierto que tanto Abelio como yo podemos ser un estorbo en lo que a rastrear se refiere, debo también señalarte que en el punto en el que estamos y a lo que nos enfrentamos, la ayuda de lo arcano y divino no debe ser algo de lo que debas prescindir *me toco la barba* sin embargo, eres la comandante militar de Piedrahundida y, actualmente, la administradora temporal en funciones, por lo que si es tu voluntad, así lo haremos cumplir *me encojo de hombros* tan solo quería aconsejarte al respecto antes de marcharnos...

*Si Enyra aun así insiste en seguir este curso de actuación, me dispongo a marchar a Piedrahundida junto a Carlo y Abelio*
Hasta la persona mas pequeña puede cambiar el curso del futuro.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Starkvind » 21 Nov 2019, 22:23

Conclusión del secuestro de Alim

Leezar y Abelio regresan a Piedrahundida escoltados por el musculoso subordinado de Enyra. La joven rusalka, determinada a acabar con todo el mal que asola los dominios de los Orovecchio, comienza a seguir las evidentes marcas y huellas que han dejado Alim, Richerento y sus esbirros. Por el camino siente la llamada de la Galerna que Ruge y nota como su vigor va en aumento a medida que va empapándose por la lluvia.

La fogata que ha levantado Alim para quemar el cuerpo del miserable monaguillo no tarda en destacar entre la negrura de los pantanos. Enyra y Maurizio localizan a los saurios en seguida, acabando con los monstruos sin que presenten desafío alguno. Mientras los bravos defensores de Piedrahundida pelean en la oscuridad y la lluvia, Alim se resguarda detrás de uno de los árboles bajos de la ciénaga, rezando a quién sabe qué para que la ira de la generala no caiga sobre él.

Su cabeza se llena de susurros nerviosos. Mogg'Shattoth se vuelve completamente loco y su paranoia revuelve el estómago a Alim. Cuando el último saurio cae bajo el tridente de Enyra, el vientre del ujibo empieza a retorcerse de forma antinatural. El pobre Alim no puede aguantar las arcadas y empieza a vomitar sangre, bilis y babas, llamando la atención de Enyra y su subordinado. La escena es desoladora: el hijo adoptivo de Fabrizio apoyado en sus extremidades en el suelo, temblando por el frío y la lluvia, y regurgitando hasta la primera papilla. Enyra suspira y asiste a La Visión de Piedrahundida, que está tan agotado por los días de secuestro y el estrés físico sufrido que no presenta resistencia.

Los tres vuelven a la capital de los Marjales de Omudax, perdiéndose entre la bruma de la madrugada. Los cuerpos de los saurios comienzan a empaparse con el rocío matutino y, entre los vómitos de Alim, una larva rosada intenta enterrarse en el interior del pantano.

Comienza un nuevo día en Piedrahundida. No ha habido ningún ataque, como temían Enyra y Leezar, pero aún tienen entre manos lo que ha sucedido con Alim, que se encuentra vigilado en todo momento por cuatro guardias musculosos. Ahora mismo los cuatro estáis en la Sala del Consejo, sin nadie más que pueda cuchichear. Habéis descansado —o no— y tenéis que resolver la crisis ante de que regresen Fabrizio y Drake de Reposo de Gaaladar. Porque queréis que Drake gane el duelo contra Josah Buelhorn, ¿verdad?

Sin embargo, algo sucederá. Más pronto que tarde, la caravana de Gerad llegará a Piedrahundida. Y esto es algo que nadie ha tenido en cuenta. ¿Qué hará Gerad? Vamos a ver si acabamos este episodio cuanto antes, para poder pasar a los dos últimos episodios de la trama.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Enyra Petreius » 22 Nov 2019, 23:12

Starkvind escribió:
21 Nov 2019, 22:23
Ahora mismo los cuatro estáis en la Sala del Consejo, sin nadie más que pueda cuchichear. Habéis descansado —o no— y tenéis que resolver la crisis ante de que regresen Fabrizio y Drake de Reposo de Gaaladar. Porque queréis que Drake gane el duelo contra Josah Buelhorn, ¿verdad?
Presido la mesa. Parece que me cuesta sentarme en la cabecera: me acerco a la silla, la miro y con una mano la toco como si se tratase del mayor tesoro, tomo aire y me siento. Parezco incómoda unos segundos pero tomo aire y me relajo. Busco a Leandro con la mirada, este se acerca y se pone a mi izquierda.

Voy a hablar de forma clara y directa. Las escaramuzas y tentativas las reservo para el campo de batalla. No veo malicia en Alim, pero no sé hasta donde podemos fiarnos de sus sentidos. Ahora mismo no sé cómo de presente está en esta sala el "sin cara", o "pene flácido" como me gusta llamarlo a mi, aunque Leandro siempre me recuerde que no debo reírme de ese ser. Lo dicho, no sé si le usa como sus ojos u oídos.

Miro al enano.

Leezar ya ha tomado medidas y, de momento, todo lo que se hable ahora aquí no lo oirá nadie más que nosotros. Hace unos días tuve una visión... bueno, más bien se me reveló una visión pero para contárosla primero necesito aclarar una cosa.

Me inclino hacia adelante apoyando mis codos sobre la mesa.

Quiero creer que las intenciones de Leezar, Abelio y Lord Drake eran buenas al secuestraros, Alim, pero no sé cómo se lo tomará Lord Fabrizio... Supongo que si no le damos más importancia él tampoco lo hará, a no ser que no lo veas así...

Miro al resto del consejo.

Lo encontré bañado en vómito y los lagartos estaban quemando algo, los maté antes de poder preguntarles, lo lamento. Alim, voy a ser directa contigo *veis como Leandro aprieta la empuñadura de su espada* Te voy a hacer una pregunta y deseo que la respuesta sea completamente sincera, ya que puede cambiar lo que pase a partir de ahora... *te miro fijamente* ¿Estás de parte de la familia o adoras a pene flácido?
La muerte nos sonríe a todos, así que devolvámosle la sonrisa.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Drake » 24 Nov 2019, 16:45

Josah Buelhorn hace girar sobre su cabeza su partesana Sol Negro descargando la fuerza de su inercia sobre mi, mis brazos tiemblan y mi plateada espada larga Murmullo Nervudo bloquea el golpe. El murmullo nervudo...

Recuerdos de un pasado lejano.
Largo tiempo a pasado desde aquel primer viaje al corazón del Dominio, Beslitz. Después de terminar mi aprendizaje como escudero para los Forneustone, quise aprovechar las fechas y viaje a la capital, probar mi propia valía y la de los Orovecchio. Padre me deseo la mejor de las suertes y me obsequio con una espada familiar echa exproceso para la ocasión, El lamento del pantano.

— Todos los que la vean, lamentaran haber venido al pantano.

La capital celebraba varios torneos anuales para toda clase de caballeros y guerreros, una forma de contentar tanto a nobles como a plebeyos y generar riqueza en la ciudad. Pero este torneo no era igual que los otros, este solo ocurría cada cuatro años. Todas las casas nobles del imperio, una vez cada cuatros años, podían competir ante los ojos del mismisimo Emperador y demostrar su valía para con el El Imperio.

Para mi era solo una prueba, comprobar hasta donde podía llegar, no tenia aspiración alguna, solo un pequeño ejercicio. Ni siquiera era caballero cuando me presente, pero la recomendación del Barón Neurustho Forneustone y el apellido Orovecchio ayudaron para poder inscribirme.
Había todo tipo de modalidades, combates a caballo, tiro con carco, duelos a primera sangre, por parejas, en grupo. Pero sin duda los más vistosos siempre eran los duelos uno contra uno. El combate era hasta el fin y solo la rendición o la muerte detenían el combate. Los primeros combates de las casas menores como la mía, no se les permitía este honor, solo combates a primera sangre entre las casas a modo de eliminatorias. Los días fueron pasando a medida que ganaba combates, combates con casas tan desconocidas que ni siquiera sabría decir en el mapa de donde son.

Una semana después, las eliminatorias ya habían pasado y comenzaban los emparejamientos para los combates uno contra uno hasta el fin. La expectación era tremenda, esto determinaría cuando lejos podría llegar en el torneo, un duro oponente al principio y hasta ahí habría llegado mi camino. En uno de los momentos oí como pronunciaban mi nombre y lo colgaban en el tablón. Mi oponente, un tal Wilald Breakbright, una nueva casa noble de los alrededores de Beslitz, al parecer gracias a su fortuna habían prosperado muy rápidamente.
Sir Wilald Breakbright

Wilald no parecía demasiado contento con el resultado, sus hombres intentaron calmarlo sin éxito. Y enseguida empezó a balbucear.
Draconio Orovecchio ¿Quien demonios son los Orovecchio? ¿Alguno sabe quienes son? —El murmullo y las risas de sus hombres captaban toda la atención de la carpa— Oh venga, solo quiero conocerlo antes de devolverlo a casita con su mama y su papa.
No quería problemas, pero cuando me disponía a irme alguien de la organización me señalo y Wilald fue hablarme.
— Eh tu, Draconino, un segundo. ¿Por qué tanta prisa? Solo quiero hablar contigo. Dime ¿De donde vienes, vienes de muy de lejos? ¿No echas de menos a tu familia, tus tierras? Esto tiene que ser muy distinto —Su verborrea era incesante— para alguien de provincias como tu. Te propondré un trato. Que tal si digamos que abandonas ahora mismo el torneo y te vuelves a esa casa tuya que nadie conoce y les llevas un buen dinero como agradecimiento mio para pasar cómodos este próximo invierno.
— ¿Qué renuncie? ¿Tiene miedo de combatir conmigo mi señor?
— ¿Miedo, de ti? ¿Yo, miedo de...?
—Sus dientes apretados se dejaron ver pero tras dar una vuelta sobre si mismo su enfado se contuvo— No, no es eso, solo quiero ayudarte, a ti, a tu casa. No tiene nada de malo abandonar. Seria un favor mutuo, tu ganas un buen dinero y yo... digamos que yo, podre combatir con alguien más apropiado a mi estatus. Alguien quizás, más famoso. ¿Como lo ves Draconino?
— Lo lamento Sir Wilald Breakbright, pero me tempo que no podrá ser. Si no le importa, tengo cosas que atender. Nos veremos en la arena.


Esa misma noche sucedió, no los vi venir. Volviendo a la taberna solo de noche entre los callejones de Beslitz los hombres de Wilald me asaltaron, conté más de 5. La paliza que me dieron fue ejemplar. Sin duda, no podría competir.
Última edición por Drake el 25 Nov 2019, 17:21, editado 1 vez en total.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Drake » 24 Nov 2019, 23:44

Recuerdos de un pasado lejano, parte dos.
El ambiente en el torneo era vibrante, la organización hacia lo que podía para hacer cumplir los horarios programados. Eran muy estrictos en su trabajo, no en vano se trataba del Gran Torneo Imperial. Por más que le suplique al encargado, en mis condiciones no se me permitía combatir contra Sir Wilald Breakbright, pero no seria el único que no lo haría esa mañana.

Quise ver de primera mano las intenciones de Wilald al dejarme fuera del torneo así que me quede a observar el espectáculo desde la distancia. Condas Maltan, un famoso caballero del norte del imperio de una región cercana a las Cámaras de Varlyna, esperaba en la arena. Él estaba en nuestro grupo esperando a su oponente y Wilald no le quitaba ojo. Tras la larga espera, Condas fue proclamado vencedor por la ausencia de su oponente.

Sir Condas Maltan
El siguiente combate seria Sir Condas Maltan contra Sir Wilald Breakbright. Ese era el motivo, forzar el emparejamiento para poder luchar juntos. La gente cuchicheaba rivalidades entre las dos casas, lo oportuno del encuentro y las fanfarronadas que los hombres de Wilald habían soltado de taberna en taberna. Sir Condas era mayor, los había más mayores que él en el torneo, pero claramente doblaba la edad a la gran mayoría de participantes.

El combate iba a empezar. Wilald estaba que no cabía en si y antes del combate empezó a soltar una cháchara sobre algún tipo de afrenta del pasado que no pude escuchar. En el Gran Torneo Imperial no se permiten los ajustes de cuentas por lo que este tipo de discursos suelen ser acallados rápidamente con el ruido de las trompetas y el inicio del combate. Sir Condas Maltan desenvaino su espada y con la misma, volvió a envainarla. Wilald había ganado. Condas se había rindió. Los gritos de Wilald sonaban de fondo mientras alguna gente del publico aplaudía a Condas mientras se iba.
Sir Condas Maltan quiso compensarnos por todo lo sucedido, tanto a mi como a Nathan Waterbow, el oponente de Condas que no pudo presentarse. Nos invito a su caserío al norte de Beslitz a las afueras de la ciudad y nos ofreció hospedaje hasta reponernos de nuestras heridas.

Durante la cena con la familia Maltan se escucharon gritos provenientes del patio. Wilald y sus hombres, antorchas y espadas en mano, buscaban venganza. Condas fue conciso.
Frea debéis iros.
— ¿Pero padre, que sucede?
— Esto solo me atañe a mi. Drake y Nathan te escoltaran hasta el norte.
— Ni hablar mi señor, lucharemos junto a usted. Estamos bien, podemos combatir.
— Es un favor que os pido, esto es algo que solo me atañe a mi. Ese hombre solo busca mi desgracia por algo que yo hice y solo yo he de pagar por ello. Por eso os pido que escoltéis a Frea hasta el norte. Lo solucionare y volveremos a vernos. Os lo prometo.


Fue difícil convencer a Frea de abandonar a su padre pero no tuvo más remedio. Huimos en la noche mientras el caserío ardía,Condas a lo lejos, exigía un duelo uno a uno contra Wilald, lo mataron como a un perro.

El viaje hacia el Norte fue largo, las tierras de Frea Maltan estaban bastante lejos. Fueron tantos días que el luto acabo pasando. Eramos jóvenes y Frea era simplemente preciosa. Fueron tantas noches compartiendo cama que al final fue inevitable. Frea fue mi primera vez. Nunca supe si ella sentía lo mismo por mi. Nathan era un escudero de baja familia y al final se convirtió en un gran amigo. Al devolver a Frea con su familia, la juramos que volveríamos a inscribirnos al Gran Torneo Imperial y haríamos justicia.

Cuatro años después, ahí estábamos Nathan y yo, pero sin rastro de Frea. Fuimos ganando los primeros combates hasta llegar a la fase de combates hasta el fin. Y ahí estábamos, deseando ser emparejados con el bastardo de Sir Wilald Breakbright. Por suerte, entramos los tres en el mismo grupo. Teníamos dos oportunidades para hacer justicia a la casa Maltan. Nathan no llego a poder luchar contra Wilald,por desgracia fue derrotado antes. Todo el peso quedo en mis manos y justo antes del combate apareció.

— Hazlo por mi, por él. Esta es su espada Murmullo Nervudo... solía decir que sabiéndola hacer murmullar, su nervio de acero era capaz de atravesar cualquier armadura con una estocada. Úsala.
Frea desapareció, pero tenia razón. No podía dar ninguna oportunidad a Wilald de rendirse, tenia que matarlo en el acto. El muy fanfarrón ni se acordó de mi al verme. Pero su mirada recordó mi cara cuando la vida se le escapaba por el cuello. Tenia razón. Esa espada era capaz de ensartar cualquier armadura fácilmente.

No gane el torneo y no volví a ver a Frea. Con el tiempo escuche que se había casado con un noble de buena familia.

El torneo solía utilizarse para nombras nuevo caballeros. Gracias a la casa Maltan y su influencia la historia de justicia había llegado a oídos del Emperador y fui nombrado caballero. Nathan no sabia muy bien que hacer, su linaje había perdido los pocos privilegios que tenia en estos últimos cuatro años y el hombre ya solo deseaba tener una vida tranquila. Le ofrecí venir a PiedraHundida, no hay sitio más tranquilo.

El Murmurllo contra el Sol.
Tirada de Frialdad (+1)
Beneficio de La Espada (+2) por Rango a todas las tiradas relacionadas con combate
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Éxito completo

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Alim de Mostaganem » 25 Nov 2019, 22:00

Entreabro los ojos lentamente. No siento exactamente dolor, pero sí un malestar general e intenso. Me doy cuenta de que estoy en mi cama, y por cómo entra la luz por entre las lamas de la contraventana, debe de ser cerca del mediodía. He debido de dormir muchas horas, y empiezo a recordar los sucesos de anoche a ramalazos: la vomitona interminable... la pira funeraria de Richerento... Enyra ayudándome a ponerme en pie (o intentándolo)... La llegada a Piedrahundida, atravesado sobre el lomo de su caballo... Prácticamente nada más.

Me miro el brazo, y la mancha amoratada sigue ahí. Sigo sin tener claro si es un moretón, o la Peste Púrpura. Pero me siento limpio: alguien me ha bañado, y me han metido en la cama con ropa limpia. Desde que vomité todo lo vomitable, no he vuelto a oír La Voz. Y eso sí que es inesperado. Afilo todos mis sentidos para intentar escucharla, pero no hay nada. Ni siquiera esa vaga sensación que me hacía intuir el estado de ánimo de Mogg-Shattoth. No me atrevo a pensar que me he librado de él; si algo ha demostrado, es que librarse de él no es fácil. Pero lo cierto es que no lo oigo.

Entrecierro los ojos, pero enseguida los abro por completo: ¡habrá reunión del Consejo! ¡Debo acudir!

Me lavo y visto rápidamente, y al salir de la estancia, 4 corpulentos soldados me rodean y me acompañan a la sala del Consejo. Todos los que pueden estar están ya sentados; entro y me siento en mi sitio. Mantengo la cabeza gacha.

Enyra Petreius escribió:
22 Nov 2019, 23:12
Quiero creer que las intenciones de Leezar, Abelio y Lord Drake eran buenas al secuestraros, Alim, pero no sé cómo se lo tomará Lord Fabrizio... Supongo que si no le damos más importancia él tampoco lo hará, a no ser que no lo veas así...

Miro al resto del consejo.

Lo encontré bañado en vómito y los lagartos estaban quemando algo, los maté antes de poder preguntarles, lo lamento. Alim, voy a ser directa contigo *veis como Leandro aprieta la empuñadura de su espada* Te voy a hacer una pregunta y deseo que la respuesta sea completamente sincera, ya que puede cambiar lo que pase a partir de ahora... *te miro fijamente* ¿Estás de parte de la familia o adoras a pene flácido?
—Mi señora Enyra... Siempre, siempre he sido leal a Piedrahundida, a mi padre, a la casa, y a todos vosotros. Durante un tiempo Pen... Mogg-Shattoth me ha torturado para que le sirviera, pero lo único que hice fue pretender servirle, para averiguar sus debilidades, y encontrar la manera de acabar con él. Durante este tiempo, él ha podido oír todo lo que yo oía o decía. Pero algo pasó anoche, y parece que he perdido el contacto con él. En todo caso, no llegué a averiguar lo que pretendía —digo con un pesar que se oye claramente en mi voz.

Los miembros del Consejo presentes me escuchan en completo silencio. Me da la impresión de que Leandro relaja un poco el puño cerrado sobre la empuñadura de su arma, pero mira atentamente a Enyra (supongo que por si le hace alguna señal).
Levanto la mirada tímidamente, y me dirijo a Abelio.

—Monseñor, lamento comunicaros que Richerento sucumbió anoche a la Peste Púrpura. Sé que era vuestro protegido y que le apreciabais, aunque al final de su vida la Peste pareció apoderarse de su alma, y deliraba de forma incontrolable. No se lo tengáis en cuenta, y recordadlo como era cuando estaba sano.

Me giro levemente hacia Leezar.

—Maese Leezar... Mogg-Shattoth me dio a entender que la llegada de la Peste Púrpura era culpa vuestra. No sé si tenéis algo que decir al respecto, si tenéis algo que ver, si simplemente tuvisteis mala suerte en algún experimento... O si simplemente Mogg está intentando sembrar cizaña.

[Insértese aquí la respuesta que Leezar dé]

Por último me dirijo a Enyra.

—Mi señora Enyra, puesto que estáis a cargo de Piedrahundida, me pongo completamente a vuestra disposición. Juro obedecer vuestras órdenes, porque confío completamente en vuestra honestidad y sentido del honor.

[Insértese aquí la respuesta que Enyra dé]

—Por último, me gustaría hablar con Uragana. Ella tiene algo que ver en mi relación con Mogg-Shattoth, y necesito preguntarle unas cosas.

De repente el silencio y la frialdad se pueden cortar con un cuchillo. Nadie dice nada.

—Eh... ¿podéis indicarme dónde está, para ir a hablar con ella?

Mis compañeros en el Consejo se miran entre ellos, y la respuesta viene de... [quienes ustedes digan].
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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Abelio Floricarpio » 26 Nov 2019, 00:36

Richerento no me da pena, Alim.
Tú tampoco.
Nadie ya me da pena.
Nada ya me calienta la sangre.
Soy un fracaso. Un muerto en vida. Se que me queda poco. Aún no he contraído la Peste Púrpura, he tomado medidas, pero desde mi tortura no he podido reposar debidamente. Me duelen los huesos, he perdido mucha visión tras aquel triste episodio de las monedas en los ojos con la falsa Santa redivida, he sido encarcelado, golpeado, he sobrevivido a la cabaña empapado y magullado... no puedo más.

No tengo nada que añadir a esta reunión. Piedra Hundida no tiene futuro hasta que Mogg Shattoth sea derrotado. No hay mañana para ninguno.

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Re: [1x06] Capítulo sexto

Mensaje por Enyra Petreius » 26 Nov 2019, 14:12

Alim de Mostaganem escribió:
25 Nov 2019, 22:00
—Mi señora Enyra, puesto que estáis a cargo de Piedrahundida, me pongo completamente a vuestra disposición. Juro obedecer vuestras órdenes, porque confío completamente en vuestra honestidad y sentido del honor.

[Insértese aquí la respuesta que Enyra dé]
Está bien. Confío en su palabra. *Miro a Leandro y le hago un leve gesto con la cabeza, este suelta la espada.* Que haya perdido el interés me hace sospechar en que ha podido encontrar algo más interesante o que algo le tiene distraído...

Me siento de nuevo mientras Alim termina de hablar.
Alim de Mostaganem escribió:
25 Nov 2019, 22:00
—Por último, me gustaría hablar con Uragana. Ella tiene algo que ver en mi relación con Mogg-Shattoth, y necesito preguntarle unas cosas.

De repente el silencio y la frialdad se pueden cortar con un cuchillo. Nadie dice nada.

—Eh... ¿podéis indicarme dónde está, para ir a hablar con ella?

Mis compañeros en el Consejo se miran entre ellos, y la respuesta viene de... [quienes ustedes digan].
Miro al resto del consejo. Parece que nadie quiere decir nada.

La emboscada fue justo antes de ir a Reposo de Gaaladar, al cual se suponía que ibais a asistir. Ella no está en Piedrahundida, así que suponemos que se habrá escaqueado con la comitiva de Lord Fabrizio y Lord Drake. Desconozco si habrá sido por volver con su familia o por estar cerca de su amante ujibo. Hasta que no lleguen noticias no podremos sacar nada en claro, lo lamento. Pero lo más seguro es que esté bien. A esa muchacha se le da bien cuidar de sí misma.

Miro a Alim esperando que no se tome a mal la noticia, la verdad es que dar ánimos fuera del campo de batalla no se me da muy bien. Miro a Abelio cuando habla. Sus palabras son tristes y oscuras, parece que ha perdido la chispa de la vida, pero es normal teniendo en cuenta lo mal que lo ha pasado últimamente. Pero sus palabras me inquietan y me levanto de nuevo. Dejo que calen en nosotros unos minutos antes de ponerme de nuevo a hablar.

Como ya he dicho antes se me ha revelado una visión. Al principio todo era caótico y no entendí nada pero con el paso de los días he podido darle forma. Esa visión me hablaba del pasado y a su vez del futuro. Lo que se hizo antaño puede usarse en el futuro, que es nuestro ahora... Vamos que podemos cerrar el círculo. Verga flácida *oís como Leandro chista en desacuerdo* nació de una de las pústulas putrefactas de el Espíritu del Submundo y vivió en estas tierras. Con su señor desterrado y la proliferación de la vida su poder mermó. Hace mucho, muchísimo tiempo atrás trató de recuperar lo que cree que son sus dominios. Los primitivos habitantes de la zona, viendo que no podían hacerle frente, hicieron un pacto con un ente que también habitaba estas tierras. Lo encerraron pero no acabaron con él. El pacto que hicieron con el ente ha debido debilitarse y Verga Flácida ha quedado libre. Desconozco el motivo por el que el pacto se ha debilitado y desconozco qué tipo de ente fue el que les ayudó...

Mientras hablo doy vueltas de aquí para allá, deambulando mientras cuento la historia a la par que pienso. Si alguno tiene alguna pregunta tiene que esperar a que termine de hablar porque tampoco doy opción a ello. Es como si llevase tiempo esperando soltarlo y una vez que empiezo no paro.

En mi visión aparecía una especie de caballo gigante acuá... ti... co... ¿qué?

Estoy de pie, junto a Alim, sujetándome en su hombro cuando de repente paro en seco. Me apresuro a una de las paredes y arranco un pendón del escudo Orovecchio y lo lanzo sobre la mesa. Lo señalo.


Hemos tenido la solución frente a nosotros todo este tiempo y no nos hemos dado cuenta... ¿Por qué en el escudo de la familia Orovecchio hay un pulpo? ¿Es ese el ente que les ayudó? Por eso es posible que Abelio encontrase el poema entre los libros de Lord Fabrizio, los antepasados Orovecchio debieron hacer el pacto y por eso está en el escudo. Tenemos que encontrar a ese ser y pedirle ayuda de nuevo.

Estoy emocionada por tal descubrimiento. Os miro a todos esperando vuestra respuesta.
La muerte nos sonríe a todos, así que devolvámosle la sonrisa.

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