[1x03] Capítulo tercero «Villa Musgosa»

Cuando los protagonistas de Ylat completen una Sesión, aparecerá aquí a la vista de todo el público.
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Enyra Petreius

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Enyra Petreius » 07 Ago 2019, 01:48

Starkvind escribió:
03 Ago 2019, 00:04
Restaurar el orden en Villa Musgosa os va a llevar unos días. Después de despedir la comitiva de Lord Fabrizio, que se encontraba en dirección hacia Altoviento, habéis estado ayudando a los Rizzo a recomponer lo que han destruído los hombres lagarto. Enyra se encarga de adiestrar, como buenamente puede, a los jóvenes más prometedores para que puedan levantarse en armas si vuelven los reptilianos, pero esto, como ya he descrito, os llevará días. Los aldeanos murmuran que, a media noche, la luna se tiñe de rojo y se escuchan los lamentos de los que han muerto en los marjales. Aunque ya no haya criaturas muertas vivientes rondando por las proximidades, diriáis que estáis escuchando susurros y lamentos mientras descansáis en Villa Musgosa.
Los jóvenes de Villa Musgosa no han cogido un arma en su vida, han vivido despreocupados de los posibles males que habitan este mundo ya que pensaban que estaríamos ahí para protegerles siempre que fuese necesario. Y eso es así, pero a veces la ayuda puede tardar en llegar. Es una lección que por fin han aprendido.

Durante esos días que hemos pasado adiestrando y desengrasando a los más mayores muchos de ellos han estado viniendo a mi pidiendo unirse al ejército para poder limpiar su honra. Los he aceptado porque, aunque aún estén verdes en el tema de la guerra, nunca viene mal tener un apoyo, por pequeño que sea. Se quedarán atrás, en la retaguardia, apoyando a los míos. Ellos pensarán que están haciendo algo importante y estarán contentos por ello, cuando en realidad lo que van a hacer es no morir en vano.

Todo listo y preparado en la villa partimos seguros de nosotros mismos hacia la Torre de Gustafon. Alessia va a mi lado, como siempre.

Una figura humanoide nos espera erguida entre nosotros y la torre. Nos está esperando, sabía que llegábamos.

- Algo no va bien, Alessia. Prepara a las tropas.

Alessia frena el caballo y retrocede hasta los oficiales para ponerles en sobre aviso. Estos hacen lo mismo con los suboficiales y poco a poco el Ejercito de Piedrahundida va tomando posiciones.
Starkvind escribió:
03 Ago 2019, 00:04
Cuando vuestro grupo llega a la Torre de Gustaffon, el mago os está esperando en el recibidor. De pie, completamente consciente y con una herida supurante en su vientre. Los alrededores de la Torre continúan siendo esos humedales que ya conocíais, aunque el musgo rojo cada vez es más abundante. El mago fija su mirada en Leezar, y le hace únicamente una pregunta.

- ¿De dónde sale un arcanista tan despreocupado?

Antes de que podáis responder, el agua de las charcas cercanas se evapora de repente, y de la tierra seca y ardiente surgen esqueletos cubiertos de llamas, calaveras flotantes rodeadas por fuegos azules y cuerpos quemados que crujen con cada paso que dan.

- Soy Mogg'Shattoth. Arúspice de las Tierras yermas de Rasmalk y Conde de las Mil Torturas. ¿Cómo osáis entrar en mis dominios, mortales?
A lo que Leezar le contesta:
Leezar Lockbruck escribió:
04 Ago 2019, 10:40
- Es la hora de que vuelvas al oscuro pozo del que viniste y purifiquemos estas tierras de una vez por todas... *observo a Enyra y Abelio, girando la cabeza para hacer hincapié en el ejército que nos sigue*
Abelio entra en frenesí y grita:
Abelio Floricarpio escribió:
04 Ago 2019, 20:14
"Criatura impia!!! Que salió del vientre de una cucaracha a dentelladas!!! Matando al asqueroso bicho que fue tu madre!!! Sucumbe al poder de Ylathia la única!!!"

Levanto el códice de evangelios en lo alto y recitó textos de exorcismo y purificación de memoria a grito pelado.
Mogg'Shattoth parece no tenernos miedo.
Starkvind escribió:
06 Ago 2019, 04:49
El ser demoníaco que se encuentra erguido ante vosotros no tiembla ante vuestras vacuas amenazas. Sonríe con crueldad cuando Abelio le muestra un tomo polvoriento de garabatos ilegibles.

— Sois unos necios al pensar que podéis oponeros a mí. Las palabras vacías de un mortal creyendo en un ente ficticio son entretenimiento. — hace un gesto con su brazo, abarcando su ejército de cadáveres en llamas. — ¿Purificarme? Una palabra demasiado poderosa para un aprendiz, enano. ¡Rendíos y servidme, o contemplad como arraso vuestras tierras con los fuegos de mil infiernos!
Las tropas de Mogg'Shattoth comienzan a correr hacia nosotros. Doy la orden de ataque y nosotros corremos también hacia ellos. Aviso a los flancos para que cierren al ejército enemigo justo antes del primer encontronazo. El sonido de las espadas resuenan por todo el pantano como si fuese una tormenta. Nuestros hombres están entregados a la batalla al 100%, los esqueletos parece que estén enloquecidos y no los mueva más que la sed de sangre del mismo Mogg'Shattoth. Estamos igualados en número, eso es bueno porque significa que podemos ganar. Pero de repente la luz del día desaparece dejándonos en la más completa oscuridad. Durante unos instantes todos nos quedamos parados. El campo de batalla se tiñe de rojo bañado por la luna llena roja de la que tanto hablaban los aldeanos de Villa Musgosa. Los esqueletos vuelven a la carga, nosotros hacemos lo mismo, sin darnos tiempo a saber qué está pasando en realidad. El ser infecto que habita en el cuerpo de Gustaffon mete su mano en la herida que tiene en el vientre y rocía el suelo con su sangre haciendo que surjan más esqueletos y nuevos zombis que sin esperar nada se lanzan a la batalla. Una leve lluvia comienza a caer sobre nosotros. Juraría que es sangre, pero podría ser también el resplandor carmesí de la luna. Las tropas de Piedrahundida comienzan a dudar.

- ¡No caigáis en la oscuridad! ¡No podrá con nosotros!

Talento como Blasón: /roll2d10+4=20

Mis palabras, junto con las bendiciones de Abelio, calan en nuestras tropas llenándolas de vigor.

Tirada de Ejército: /roll2d10+6=17

Pero no parece que sea suficiente. El número esqueletos es mucho mayor que el nuestro. Ellos caen, pero nosotros más. Pisamos cadáveres que, con la escasa luz que hay, no sabemos si son nuestros o de enemigos. Un esqueleto me hace frente para distraerme mientras otro por detrás me atraviesa el costado con su lanza. El dolor no es sólo físico. No sé si me duele más la derrota o fallar a Lord Fabrizio. Todo parece estar perdido. El segundo esqueleto vuelve a lanzar otro ataque, que más o menos lo esquivo pero me alcanza en uno de los brazos mientras acabo con el primero. «Al menos este es un rasguño» pienso. Caigo al suelo de dolor, derrotada. O al menos eso es lo que piensa el esqueleto (si pueden llegar a pensar algo). Es una vieja estrategia, hacerte el muerto y que tu enemigo baje la guardia. En ese momento le asesto el golpe final. Me levanto apoyándome en mi espada. Con las llamas del cadáver de un esqueleto cauterizo la herida. Un grito de dolor. Arranco un trozo de tela de vete tu a saber de qué y me hago un torniquete. Alzo al mirada y veo que nuestro ejército tiene todas las de perder.

- Estamos jodidos...

Contador de HistoriaGasto mi primer Contador de Historia. Sumo un +1 a mi tirada bajo el título «La retaguardia también existimos» para obtener un éxito completo. He dicho.


Un grito de júbilo proveniente de mi espalda hace que salga de mi trance. Los aldeanos de Villa Musgosa, aquellos que había menospreciado, han encontrado un chamán Hombre Lagarto. Mogg'Shattoth se había servido de ellos para mantener activo el hechizo nocturno. Sin pensarlo dos veces los jóvenes que había instruido estas semanas se lanzan contra él matándolo. La luz, aunque es tenue, comienza a volver. Quedan más chamanes, pero este movimiento hace que Mogg'Shattoth quede perplejo y atónito.

Momento en el que Leezar y Abelio describen cómo acaban con él.
La muerte nos sonríe a todos, así que devolvámosle la sonrisa.

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Leezar Lockbruck » 07 Ago 2019, 10:27

*El momento ha llegado, ha durado demasiado, pero ahora es cuando debemos demostrar que la esperanza no se ha perdido en Piedrahundida ni en sus dominios. Sin hacer caso de las palabras de Mogg'Shattoth, las cuales solo buscan que dudemos, comienzo a trazar en mi cabeza los pasos a seguir para expulsar a este ser malvado de una vez por todas de los Marjales de Omudax*
Enyra Petreius escribió:
07 Ago 2019, 01:48
Las tropas de Mogg'Shattoth comienzan a correr hacia nosotros. Doy la orden de ataque y nosotros corremos también hacia ellos. Aviso a los flancos para que cierren al ejército enemigo justo antes del primer encontronazo. El sonido de las espadas resuenan por todo el pantano como si fuese una tormenta. Nuestros hombres están entregados a la batalla al 100%, los esqueletos parece que estén enloquecidos y no los mueva más que la sed de sangre del mismo Mogg'Shattoth. Estamos igualados en número, eso es bueno porque significa que podemos ganar. Pero de repente la luz del día desaparece dejándonos en la más completa oscuridad. Durante unos instantes todos nos quedamos parados. El campo de batalla se tiñe de rojo bañado por la luna llena roja de la que tanto hablaban los aldeanos de Villa Musgosa. Los esqueletos vuelven a la carga, nosotros hacemos lo mismo, sin darnos tiempo a saber qué está pasando en realidad. El ser infecto que habita en el cuerpo de Gustaffon mete su mano en la herida que tiene en el vientre y rocía el suelo con su sangre haciendo que surjan más esqueletos y nuevos zombis que sin esperar nada se lanzan a la batalla. Una leve lluvia comienza a caer sobre nosotros. Juraría que es sangre, pero podría ser también el resplandor carmesí de la luna. Las tropas de Piedrahundida comienzan a dudar.
- ¡Abelio, continúa con los salmos de exorcismo y purificación!

*Desde que el sacerdote comenzó a recitarlos al inicio del encuentro, me he percatado que su concentración disminuye, como la de los estudiantes cuando escuchan raspar una pizarra con las uñas*

- Kazhum dar thurum, zebram ter shazum, mithreri zhar kephrem... *comienzo con el ritual que adapté a la lengua de los magos enanos de Murodros, mientras el caos de la batalla me rodea*

*Durante décadas me he preparado en la defensa contra entidades malignas y brujos, por lo que sé lo que tengo entre manos. Varios esqueletos intentan atacarme, pero un escudo mágico que he alzado alrededor mío paran los primeros ataques de los esqueletos llameantes*

- ...sahem dar kratham, malakh zur rashim... *me cuesta concentrarme en el ritual mientras una batalla ruge a mi alrededor, pero lucho por recordar cada una de las palabras del ritual que obtuve del Grimorio de Gustaffon y que invertí para conseguir expulsar al ser que fue invocado*

*De pronto, Abelio corre al auxilio de un grupo de soldados que están siendo arrollados por los esbirros infernales del demonio e interrumpe sus salmos de exorcismo. Durante unos segundos, la atención de Mogg'Shattoth se centra de nuevo en mi y veo cómo de su repulsiva boca surgen unos afilados dientes, está sonriendo*
Enyra Petreius escribió:
07 Ago 2019, 01:48
- ¡No caigáis en la oscuridad! ¡No podrá con nosotros!

Talento como Blasón: /roll2d10+4=20

Mis palabras, junto con las bendiciones de Abelio, calan en nuestras tropas llenándolas de vigor.

Tirada de Ejército: /roll2d10+6=17

Pero no parece que sea suficiente. El número esqueletos es mucho mayor que el nuestro. Ellos caen, pero nosotros más. Pisamos cadáveres que, con la escasa luz que hay, no sabemos si son nuestros o de enemigos. Un esqueleto me hace frente para distraerme mientras otro por detrás me atraviesa el costado con su lanza. El dolor no es sólo físico. No sé si me duele más la derrota o fallar a Lord Fabrizio. Todo parece estar perdido. El segundo esqueleto vuelve a lanzar otro ataque, que más o menos lo esquivo pero me alcanza en uno de los brazos mientras acabo con el primero. «Al menos este es un rasguño» pienso. Caigo al suelo de dolor, derrotada. O al menos eso es lo que piensa el esqueleto (si pueden llegar a pensar algo). Es una vieja estrategia, hacerte el muerto y que tu enemigo baje la guardia. En ese momento le asesto el golpe final. Me levanto apoyándome en mi espada. Con las llamas del cadáver de un esqueleto cauterizo la herida. Un grito de dolor. Arranco un trozo de tela de vete tu a saber de qué y me hago un torniquete. Alzo al mirada y veo que nuestro ejército tiene todas las de perder.

- Estamos jodidos...
*Los soldados caen a mi alrededor y por un segundo, dudo. No puedo ayudarles, están muriendo por mi... es mi culpa... solo mi culpa... y no voy a hacer nada para remediarlo...*

- ¡Leezar ayúdanos! ¿Leezar por qué nos abandonaste? *junto a mí se encuentra Franccesca, la madre de Mario, me mira con lágrimas en los ojos*

- Confiamos en ti Leezar, pero nos fallaste... *a mi otro lado se encuentra Maurice, quien me mira con dureza*

- No pude hacer más por vosotros... solo pude intentar salvar a vuestro hijo... *digo con tristeza, como si algo estuviera apretándome el corazón* lo siento... lo siento mucho...

*Las apariciones me miran durante unos segundos, una mezcla entre tristeza y sufrimiento, cuando entonces...*
Enyra Petreius escribió:
07 Ago 2019, 01:48

Un grito de júbilo proveniente de mi espalda hace que salga de mi trance. Los aldeanos de Villa Musgosa, aquellos que había menospreciado, han encontrado un chamán Hombre Lagarto. Mogg'Shattoth se había servido de ellos para mantener activo el hechizo nocturno. Sin pensarlo dos veces los jóvenes que había instruido estas semanas se lanzan contra él matándolo. La luz, aunque es tenue, comienza a volver. Quedan más chamanes, pero este movimiento hace que Mogg'Shattoth quede perplejo y atónito.

Momento en el que Leezar y Abelio describen cómo acaban con él.
*Las apariciones de los padres de Mario comienzan a desvanecerse, el clamor de los jóvenes de Villa Musgosa es ensordecedor*

- Acaba con él Leezar, libera nuestras almas y serás perdonado... *dicen las dos figuras al unísono antes de desaparecer. Por un instante, un atisbo de paz me pareció ver en sus ojos incorpóreos*

*La caída de uno de los chamanes de los Hombres Lagarto parece que ha tenido efecto sobre la magia de Mogg'Shattoth, haciendo que las apariciones ¿o quizás ilusiones? que el demonio había creado para evitar que continuara con el ritual se desvanezcan. Los colmillos que segundos antes me había mostrado en su parodia de sonrisa, se encuentran de nuevo ocultos*

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*Unos rayos de magia necrótica salen de las puntas de sus dedos hacia mi, pero era de esperar que en algún momento comenzaran las hostilidades directas por parte del demonio. Detrás de mí, Abelio ha vuelto y tras dispersar el maléfico conjuro, continúa con sus salmos de exorcismo, produciendo que el demonio aúlle de ira*

- ...mathram ar kazham, dertus sorbi kaham... *continúo entonando mientras trazo unos glifos mágicos en el aire, figuras de luz que toman forma y comienzan a rodear al demonio enviados desde mi*

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*Con cada chamán reptiliano que cae, el poder del que se nutría Mogg'Shattoth disminuye, siendo el momento de concluir*

-...melkhiam shada, urzhum ter ktham, Mogg'Shattoth zum ¡KAZHUM! *al pronunciar el nombre verdadero del demonio y la palabra de inicio y final del ritual, los glifos mágicos de pura luz que giraban alrededor de Mogg'Shattoth comienzan a lanzar rayos luminosos que unen unos con otros, atravesando en el proceso al ser infernal que comienza a gritar furiosamente, presa de un dolor que no llega ni a la mitad de lo que se merece*

*La luz comienza a aumentar hasta el punto de deslumbrar todo el campo de batalla, mientras los gritos del demonio comienzan a disminuir. La batalla se detiene, pues los combatientes no son capaces de ver*

*Cuando la luz disminuye hasta desaparecer, en el lugar donde se encontraba Mogg'Shattoth solo queda un rastro humeante en el suelo, rodeado por un círculo de piedras blancas, en cada cual se encuentra grabado cada uno de los glifos mágicos que tracé en el aire y que destruyeron a la entidad maléfica*

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*Los esqueletos y seres invocados por el demonio se desmoronan y caen, y los siervos vivos de este, los hombres lagarto, comienzan a huir mientras el ejército de Villa Musgosa clama por la victoria a la par que corren para degollar y acuchillar a los escamosos seres*

*Exhausto, caigo de rodillas sobre el verde suelo, que durante demasiado tiempo había estado teñido por el musgo rojo*
Última edición por Leezar Lockbruck el 08 Ago 2019, 09:57, editado 2 veces en total.
Hasta la persona mas pequeña puede cambiar el curso del futuro.

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Gerad

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Gerad » 07 Ago 2019, 11:14

Starkvind escribió:
06 Ago 2019, 05:17
Exigen que los Orovecchio justifiquen, urgentemente, la huída de Elisia Jacenty. El informe que preparó Marco era un estercolero de palabras, y el Emperador no está nada contento con la respuesta de un vasallo. Recae ahora en vosotros responder. Además, Drake, realiza una tirada de Reputación: si tienes éxito, puedes subir un punto. Por otra parte, Gerad debe realizar una tirada de Ánimo: si no tiene éxito, se degradará.
TIRADA DE ÁNIMO SUPERADA

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Recibo la misiva del emperador, joder, otra mierda más. Menos mal que Drake va a encargarse en persona de esa zorra pelirroja, no debí ser tan permisivo con ella. Escribo esta carta al Emperador.

A su Alteza Imperial del Gran Imperio de Malasthar

Don Janus Achgate II

Fortaleza de Piedrahundida, Marjales de Omudax, Vigésimoprimera jornada de Hibisquel.

Excelentísimo Señor:

Lamento profundamente las molestias que le haya podido ocasionar la fuga de la prisionera que iba camino de su juicio. Yo, Gerad Orovecchio, Consejero de la familia, elaboré una ruta hacia la capital segura con paradas únicamente para el descanso de los guardias, dos de nuestros mejores hombres.

Estamos en momentos muy complicados dentro de los Marjales, varios enemigos acechan a la familia y no disponemos de nuestro ejercito al completo tras el desgaste por la guerra. Espero que entienda el por qué de no haber mandado un contingente más numeroso para la prisionera, hemos de gestionar los recursos al máximo.

Mi hermano, Sir Drake Orovecchio, fiel guerrero del Imperio y gran explorador, y que acababa de volver de la última campaña con la generala Nêcraxia y el general Indalezius Dreedmis, se ha hecho cargo en persona de la búsqueda de la fugitiva, esperemos que tenga éxito en su busqueda. La fugitiva ahora está en busca y captura en los Marjales de Omudax, y pondremos precio a su captura, viva para que pueda ser juzgada.

También debo expresarle mis mas sinceras disculpas por la misiva anterior, un error lamentable y que no volverá a producirse.

Quedamos a su entera disposición.

Atentamente,

Gerad Orovecchio
Consejero de la Familia Orovecchio
Señor de la Fortaleza de Piedrahundida en funciones


Envío esta carta de carácter urgente...

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Alim de Mostaganem

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Alim de Mostaganem » 08 Ago 2019, 10:53

Alim en Altoviento, 2ª parte
Me quedé arrodillado, conteniendo las ganas de vomitar a duras penas. Las piernas se negaban a ponerme en pie, y así pasé... no sé cuánto tiempo. Sentí como si la misión de Lord Fabrizio fuese clavar un clavo, y hubiéramos puesto en sus manos un catalejo como herramienta, cuando lo que necesitaba era un martillo o una maza, como Enyra o Drake. ¿Qué podía hacer yo?

De repente me di cuenta de que había oscurecido, así que debían de haber transcurrido horas, aunque no me parecía posible. Finalmente junté las fuerzas suficientes para ponerme en pie y caminar hasta el final de la galería, donde una puerta daba acceso a un balcón, y entonces lo entendí: no estaba anocheciendo, pero se había levantado un viento tempestuoso, y el cielo estaba cubierto de nubes de plomo.

A mis pies se extendía un patio alargado, a cuyos lados se situaban decenas y decenas (¿tal vez cientos?) de caballerizas. No me habían impresionado los caballos que había visto en las cuadras donde nos alojábamos, pero ahora entendía que aquellos eran los rocines de labor, y aquí es donde vivían los famosos corceles de Idum Dael, que prestaban su elegancia al blasón de los Buelhorn. Algunos sirvientes estaban encendiendo lámparas en algo menos de la mitad de las caballerizas, supongo que para que los caballos no se asustasen de la tormenta. Y así comprendí que los Buelhorn habían perdido más de la mitad de sus caballos en la reciente guerra. Seguro que tampoco estaban contentos con semejante desastre. Pero cuando alcé más la vista, hasta el final del enorme patio, tuve que restregar mis ojos; no podía creerlo. ¿No era eso un...? ¡Increíble! Una cosa estaba clara: los Buelhorn no tienen dinero. NADAN en él. Mis maquinaciones con los Leone nos habían creado un enemigo muy poderoso...

Había llegado el momento de rehacerse, crear uno de mis infalibles planes, y salir de aquí. Hice una lista mental de lo que necesitábamos, de cómo y cuándo lo necesitábamos, y de lo que teníamos. La verdad es que la cosa no invitaba al optimismo.

Me dirigí con presteza a nuestros aposentos (las cuadras), cruzando el patio principal bajo la inclemente lluvia (que había tenido el efecto positivo de despejar la zona de seres vivientes), y busqué a Walais, Maestro de las Llaves de Piedrahundida, el principal de entre los sirvientes de mi padre. Le conté lo que había sucedido en la sala del trono, y le expliqué mi plan a grandes rasgos.

—Walais, necesito que consigas esta noche, antes del amanecer, una carreta grande con caballos, ropas de labriegos, lonas y aperos de labranza.
—Entendido, joven señor —asintió sin dudar.

Mi plan era sencillo. Me hubiera gustado usar el viejo truco de la carreta de heno, pero no tendría sentido una carreta llena de heno abandonando el castillo, y menos en primavera. Así que mi idea era salir disfrazados de campesinos, con los aperos de labranza, como si fuésemos a hacer tareas labriegas. Mientras tanto, seguí inspeccionando el castillo, averiguando toda su estructura, las localizaciones de las estancias, etc. En uno de mis paseos de reconocimiento, una agradable voz a mi espalda me sorprendió:

—As salaam alaikum!

—Wa alai... kum... salaam. Mierda. —respondí instintivamente, antes de darme cuenta de la trampa. Me di la vuelta, y allí estaba la joven Uragana, con cara divertida.

—Tú eres el ujibo, el que adoptó Lord Fabrizio, ¿verdad?

—Mi señora, yo no...

—Hagamos un trato, ujibo. Tú no insultas mi inteligencia, y yo no grito «¡socorro, intentan forzarme!» —dijo, sin dejar de sonreír. Estaba claro quién tenía la sartén por el mango...

—A vuestro servicio, mi señora. Soy Alim de Mostaganem. Y vos debéis de ser la famosa Uragana Buelhorn —respondí, esperando que el reconocimiento me granjease alguna simpatía.

—Sí, soy Uragana. Aunque no creo que te haya sido difícil saberlo. No es que los pelirrojos abunden por esta parte del imperio... Llevo algunas horas viéndoos ir y venir, maese Alim; lo suficiente para comprender que estáis tramando algo.

—Mi señora, no deseamos causar ningún mal a nadie. Sólo deseamos salir de aquí —confesé. Probablemente lo mejor era ser sincero.

Uragana se quedó pensativa unos instantes, y por fin asintió.

—Si sólo deseas salir de aquí, necesitarás ayuda. Y yo puedo prestártela, ujibo. A cambio de que me llevéis con vosotros —propuso, sin más rodeos. Todo en su postura era un desafío.

—¿Qu... quééé? —balbuceé— Mi señora, las cosas ya están bastante complicadas de por sí como para que nos acusen además de secuestro. Además, sois demasiado j...

—¡Como te atrevas a hacer alguna referencia a mi edad o a mi sexo, te aseguro que no vivirás para ver el amanecer! —me interrumpió con furia—. En realidad no tienes elección, ujibo. Deja de perder el tiempo, cuéntame lo que planeas, y veré la forma de ayudarte.

En fin, la cosa estaba lo bastante difícil como para rechazar una posible ayuda. Y ella tenía razón: o participaba en nuestra conspiración, o daba la alarma y todo se habría acabado antes de empezar... Le di algunas instrucciones, y continué mi tarea de reconocimiento.

Ya de madrugada, a la hora cuarta, nos encontramos ante la cocina. Ella se había hecho con las llaves (lo cual me ahorraba un problema serio), y abrió la puerta. Entramos, y mientras ella preparaba una bebida caliente, yo corté dos hermosas rebanadas de hogaza, que unté con mantequilla y miel. Después machaqué unas cuantas semillas rojas, y mezclé el polvo con la mantequilla y la miel. La verdad es que el aroma era bastante apetitoso. Puse todo en una bandeja, y me dirigí a los calabozos. Entré directamente hasta donde estaban los dos guardias cumpliendo su turno de vigilancia, y les ofrecí el tentempié:

—Nuestro señor Josah me ha ordenado traeros esto, porque al parecer tenemos prisioneros muy importantes, y considera indispensable que os mantengáis alerta y con fuerzas —ofrecí de la manera más servil posible.

—¡Gracias, chico! —respondieron los guardias, que se lanzaron a devorar las rebanadas untadas sin dilación y sin muchos modales, todo hay que decirlo.

Me retiré, porque sabía que las semillas lodosas tardarían en hacer efecto. Volví al cabo de una hora, para encontrarme a los guardias adormilados y con cara de felicidad. Cogí las llaves y busqué rápidamente las celdas de nuestros guardias y de Lord Fabrizio. Instruí a los guardias para que se hiciesen con sus armas (que estaban allí mismo, en un armario), saliesen fuera, se vistiesen con las ropas de labriego conseguidas por Walais, y nos esperasen en la carreta con los aperos. También les indiqué que pusiesen sus armas bajo una lona, mezcladas con los aperos de labranza, pero procurando que sólo los aperos asomasen un poco. Después me dirigí a mi padre:

—¡Padre, padre! ¡Soy yo, Alim! ¡Tenemos que irnos!
—Alim... Alim... —balbuceó en respuesta. El dolor de la amputación y la cauterización hacían una mella terrible en su ánimo, y el agotamiento no ayudaba.

Así que le di una buena ración de semillas rojas y negras, esperando no pasarme. Cuando ya íbamos a salir, mi padre me dijo «tenemos que llevárnosla con nosotros». Yo no entendía cómo podía saber lo de Uragana, pero le respondí:

—No os preocupéis, padre. La pelirroja viene con nosotros.

—¿Peli... pelirroja? No, me refiero a ella —contestó, volviéndose y señalando a la celda contigua a la suya.

—¿Tienen aquí una mujer, esos perros? —interrogué, incrédulo.

—Bueno, depende de cómo definas «mujer».

Me acerqué a la celda, y vi un cuerpo cubierto de mantas. Era bastante grande para ser una mujer. De hecho era también bastante grande para ser un hombre. Abrí la celda, me acerqué con cautela, y levanté las mantas. Nunca había visto algo así, pero al menos sabía qué era lo que estaba viendo, aunque sólo fuese de oídas.

—¡Un dracónido!

—Una «dracónida», muchacho. Ten un poco de respeto si no quieres que te arranque la cabeza de un mordisco —bravuconeó. ¿O quizá no?

Llevaba uniforme militar de alto rango, así que no me costó adivinar quién era.

—¡Sois Nêcraxia, la gran General!

—Bravo, chico. Ahora, ¿vas a ayudarme a salir de aquí?

Se encontaba bastante débil. No había que ser un experto para ver las huellas de la tortura infligidas por todo su cuerpo. Yo ayudaba a mi padre a caminar hacia la salida, y él ayudaba a la dracónida. Debíamos de ser un espectáculo curioso, porque los guardias del calabozo no pudieron evitar reírse flojamente, en medio de su estupor babeante.

Bien, esto era un problema. Una carreta de labriegos podía pasar las puertas sin levantar muchas sospechas. Pero una carreta de labriegos con una dracónida... Necesitaríamos drogar o matar a los guardias, y el tiempo se nos acababa, porque el amanecer se acercaba. Y entre tanto, la tormenta no daba la menor señal de amainar.

—¡Alarma, alarma! —Oí gritar. Una ronda de guardias nos había visto saliendo de los calabozos, y aunque quizá no viesen una situación muy clara, lo que sí veían con claridad era a la dracónida. Los acontecimientos se precipitaban, y nuestras posibilidades de escapar cada vez se estrechaban más.

—Olvídate de la carreta —me gritó mientras se acercaba, en medio de la ensordecedora lluvia, Uragana. Casi no la reconocí, con su pelo teñido de negro, como le había indicado que hiciese—. Los guardias la han visto y se la han llevado. Vuestros guardias están ocultos en esos soportales.

—Mierda mierda mierd...

—Usas mucho esa palabra, ¿no? —Me dijo, casi riendo. Para ella esto era un juego, una aventura.

—Piensa, Alim, piensa. Pien... ¡Uh...! —recordé de repente lo que había visto en el patio de aquellos preciosos corceles— Eh... Uragana, ¿cómo podemos llegar al patio de caballerizas?

—¿Estás loco? ¡No podemos robar caballos! Bueno, sí podemos, pero tendremos el mismo problema ante las puertas.

—No te preocupes, llévanos allí. Como dice mi padre en momentos así, «fortuna audaces iuvat», que en lengua antigua quiere decir «hay que echarle huevos», o algo así.

Y así Uragana nos guio hacia el patio de caballerizas. Nêcraxia, mi padre y yo sosteniéndonos entre nosotros, Uragana delante, y nuestros nueve guardias detrás. Llegamos al patio, y Uragana me vio dirigir la mirada a aquella impresionante sombra del fondo. «¡Estás loco!» gritó, pero al mismo tiempo sonreía. Corrimos hacia allí, atravesando el patio a la carrera. O tan «a la carrera» como podíamos. Nos acercamos a la tarima, y dos guardias salieron de sendas garitas que guardaban las escaleras de acceso. Los guardias gritaron «¡Alarma, alarma!», pero el estruendo del viento y la lluvia, mucho más fuertes que en el patio interior, ahogaba sus gritos. Nuestros guardias se deshicieron de ellos rápidamente. Subimos a la tarima mientras un rayo iluminaba durante un fugaz instante el magnífico (aunque pequeño) dirigible, y nos dispusimos a abordarlo. Se trataba de un modelo de aire deportivo, el equivalente a un pequeño barco de recreo.

—No puede llevar más de ocho personas, pero contando a la dracónida, creo que siete será el máximo —gritó Uragana a mi oído—. ¡De todas formas esto es una locura, subirse a un dirigible con una tormenta semejante! —Pero seguía sonriendo.

—¡Sí! ¡Si tuviéramos otra opción, esto ni se me pasaría por la cabeza!

Y así, nos subimos mi padre, Uragana, la dracónida y yo, más tres de los guardias, que ellos mismos eligieron.

—Los demás, dejad las armas y volved a vuestros calabozos. Sería absurdo combatir aquí y ahora. Es mejor que viváis para combatir cuando realmente tenga sentido.

Dicho esto, soltaron las amarras, abrí las válvulas de los tanques de gas para llenar bien el dirigible, y este empezó a elevarse, sacudido por el inclemente viento. Ya estábamos a salvo, al menos de los Buelhorn, aunque a merced de la tormenta. Era imperativo poner el motor en marcha, para poder controlar, dentro de lo que nos permitieran los fuertes vientos, nuestro rumbo. Mi padre se encontraba de mucho mejor humor, riendo y canturreando, desafiando embriagado a la tempestad.
احذر عدوك مرة وصديقك ألف مرة فإن انقلب الصديق فهو أعلم بالمضرة

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Starkvind » 10 Ago 2019, 20:18

Resquicios de Mogg'Shattoth y sus secuaces ardientes

La Batalla por la Torre de Gustaffon finaliza con la increíble victoria de las fuerzas de Piedrahundida. El valor de Enyra, la devoción casi fanática de Abelio y los conocimientos arcanos de Leezar se han combinado en un asombroso asalto frontal contra los esbirros de Mogg'Shattoth. El demonio se ha llevado la peor parte porque, aunque el mago enano desconocía el NOMBRE VERDADERO e IMPRONUNCIABLE del ser mefistofélico, empleó sus capacidades de memoria urdímbrica para rememorar el conjuro que desterraba al diablo a las áridas tierras de Rasmalk. Tras ser exiliado de nuevo al planeta de piedra llameante, el demonio no tardó en lanzar otra siniestra profecía sobre las tierras pantanosas de los Orovecchio.

— ¡Habéis destruído mi vasija mortal, pero mi presencia continuará acechándoos más allá de Kaeduin! ¡Cuando el fuego alcance lo más profundo de vuestra ridícula fortaleza, mi llegada será inminente! ¡Y arrasaré con inquina vuestros cuerpos, especialmente el tuyo, aprendiz...!

La voz gutural, resonante, desaparece entre los restos humeantes de lo que fue el cuerpo de Gustaffon Olatheus. Dado por muerto por sus alumnos, traicionado y sometido a ser parte de una invocación demoníaca, su alma no hallará descanso tras morir de forma tan brutal. Abelio lo sabe, y junto a sus monaguillos se encarga de exorcizar el lugar. La generala Enyra se encarga de recoger los muertos y apilarlos para quemarlos en una pira ritual. En otra parte, mientras la cámara hace un travelling sobre la torre hasta la parte más alta, Leezar encuentra algo horrible.

La sala que antes había ocupado para investigar los hechizos de Gustaffon se ha convertido en una cámara demoníaca, una estancia con paredes recubiertas de carne pulsante. Del techo gotean líquidos templados y humeantes, y la mera visión de semejantes elementos oprime la respiración hasta la asfixia. El grimorio de Gustaffon se ha transformado en una criatura monstruosa, de la que surgen colmillos afilados en los bordes de sus páginas.


No he encontrado algo más adecuado, imaginemos que es así.

De repente, la escena se funde en negro y el foco de la escena cambia a Enyra, despidiéndose del alcalde Remulus Rizzo, agradecido por todo lo que han hecho las fuerzas de Piedrahundida por acabar con la amenaza de los hombres lagarto y los muertos vivientes de la Torre. Hablando de la torre, Abelio sonríe cuando hacen referencia a la demoníaca construcción, y podemos ver que lo que era la Torre de Gustaffon ahora no son más que ruinas. El grupo regresa, victorioso, a la Fortaleza de Piedrahundida. Leezar se encuentra algo preocupado, quizás por lo que ocurrió en la parte superior de la Torre. Pero poco tiempo tienen para pensar cuando vislumbran otra explosión en el cielo: un dirigible, esta vez más pequeño que el anterior, se precipita a toda velocidad contra las ciénagas frente a Piedrahundida. Cuando impacta con el suelo, no estalla, como la última vez, pero el accidente ha llamado la atención de todos los habitantes de la fortaleza.

Gerad y Drake, que se encontraban en la habitación del primero discutiendo sobre los resultados de la búsqueda de Elisia Jacenty, se asoman a la ventana para contemplar con horror como la aeronave se ha estrellado contra la muralla frontal de Piedrahundida. El episodio finaliza con un primerísimo primer plano de la cara de Alim, que ha logrado aterrizar la máquina sin provocar la muerte de sus pasajeros.

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Starkvind » 10 Ago 2019, 21:06

Una búsqueda que acaba en gaviota

Acompañado de hombres preparados y sintiéndose auténticamente vivo, Drake abandona Piedrahundida una vez más tras dejar a buen recaudo los tesoros que encontró en el Robledal Pétreo en las cámaras de la fortaleza. Junto a él cabalga Fenner, el mensajero más habilidoso de los Orovecchio. Con él carga un estuche de pergaminos, que alberga la excelente carta escrita por Gerad. Ojalá la hubiese escrito antes, piensa Drake, mientras se centra en el rastro.

Sorprendentemente, en pocas horas alcanza la frontera entre los Pantanos Isophius y El Dominio. El terreno se vuelve más amigable, se dejan atrás los humedales y el terreno complicado de recorrer. Fenner se despide del grupo y continúa su camino, rumbo a Beslitz, para entregar la carta urgente.


Tema del Imperio de Malasthar

Drake sigue el recorrido elaborado por Gerad, para ver en qué punto la caravana tuvo que ser asaltada. Y no tarda en darse cuenta que en la encrucijada que une los Pantanos Isophius, Reposo de Gaaladar y el Bosque Palpitante fue dónde ocurrió el ataque. Los que se encargaron de recoger los restos fueron bastante descuidados, pues parte de la carreta aún se encuentra a un lado del camino. Examina el derelicto y averigua que fueron atacados con fuego. No encuentra manchas de sangre por ningún lado, pero unas pisadas de varios días le guían, por un camino entre los árboles, hasta un claro bien entrado el Bosque Palpitante.

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Alli se encuentra una tienda de campaña con el emblema de los Orovecchio. No se encuentra en buen estado, pero parece que está en uso. En el interior hay un soldado con el blasón de la familia, bastante herido. A su lado, un tipo con aspecto rudo pero bien vestido —con un tabardo azul decorado con un escudo noble: una gaviota sobrevolando un faro— en azul celeste os observa. En cuanto reconoce vuestros ropajes, os espeta lo siguiente.

— Ya era hora de que vinieseis a por éste miserable. No creo que pueda volver a empuñar una espada, pero al menos no pisará El Erial demasiado pronto. — carraspea y muestra un documento en pergamino, con una marca oficial. — Antes de que intentéis asetearme... — señala a uno de los exploradores Orovecchio. — ...os advierto que estoy protegido por la Iglesia de Ylathia, en régimen de caballero ylathiano. — se levanta y muestra el blasón de su familia. — Soy Wilham Albus Mouette, de la Casa Mouette de Aermont, Reino de Shadaleen. Nuestras naciones han estado en guerra, pero mi presencia en vuestras tierras no es más que para expandir la palabra de Nuestra Señora Ylathia. Las peticiones de vuestro obispo han llegado a oídos del Alto Prócer, y aquí estoy para ayudaros a encontrar la reliquia de la que habla monseñor Abelio Floricarpio.

Hace una pausa para que podáis asumir todo esto. Drake acaricia inquieto la empuñadura de su espada. ¿Qué hace en tierras de los Forneustone un noble shadalense? ¿Y por qué está uno de los tipos que supuestamente han muerto en la diligencia herido y atendido por este hombre?

La escena cambia a un primer plano de Drake entrando en Piedrahundida. El mes ya está finalizando y siente que lo único que ha hecho ha sido ir de un lugar para otro. De camino a la Fortaleza se cruza con Pamela, que se encuentra rebuscando entre las cajas de fruta en mal estado. No parece que a la mujer de su amigo le vaya bien. En cuanto sus miradas se cruzan, ella sale corriendo y se pierde entre las calles de Piedrahundida. Cuando le recibe Bruto, el vasallo de su hermano Gerad, le informa que tiene que reunirse rápidamente, ya que han recibido una misiva bastante perturbadora de los Buelhorn.

En cuanto Gerad le cuenta lo que ha pasado en Altoviento, Drake empieza a sentirse mal e incómodo. La furia le reverbera por cada fibra de su ser, pero no tiene tiempo para enfurecerse. Por la ventana lo vuelve a ver: otro dirigible estalla en el cielo de los Pantanos Isophius.

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Re: [1x03] Capítulo tercero

Mensaje por Starkvind » 10 Ago 2019, 21:09

El segundo mes del 1262 acaba con victorias y lamentos: los Buelhorn han declarado oficialmente su odio e inquina hacia los Orovecchio, pero la amenaza de Mogg'Shattoth parece haber acabado. ¿Podrán las gentes de los pantanos encontrar una forma de encontrar la paz y la concordia?

Todos obtenéis 4 Puntos de Desarrollo [PD].

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